martes, 27 de septiembre de 2011

A modo de pretexto!!


A modo de disculpa
Tu ausencia me ha robado la inspiración, me cuesta conciliar el sueño por estar evocándote, me ausento de mis obligaciones por andar presente en la estrategia de traerte, me lamento de no reír contigo, pero sonrío de con tu recuero, sé que no hay pretextos para no estar conmigo, para no dedicarme a lo que me corresponde, para producir aquello que es mi obligación, para ser yo contigo, solo que no te tengo, y sabiéndote mío, teoría se enfrenta a lo real, no estás, no me contagias calor, ni complicidad, ni placer, estás ahí , pero estas lejos.
No puedo dedicarme a mis líneas, así que te uso de pretexto para mantenerme en vigencia, estoy seguir que tenemos que retomarnos, y espero sinceramente que tras esa recarga de ti, vuela a ser yo, a rescatarme, a inspirarme, a sonreír contigo y por ti.

lunes, 12 de septiembre de 2011

GustOs...

Gustos…

 
Jano 16 años

Cuando esté con un hombre por primera vez me gustaría que sea maduro, como de 24, alto y un toque fuerte, que me haga feliz, que tenga un cuerpo de gimnasio, la barba crecida y sea ligeramente velludo, que me lleve a bailar, me invite unos tragos, me lleve a su cuarto o a un hotel, me desnude con suavidad, me coma a besos, y me haga el amor suavemente, que pase la noche conmigo, y al amanecer me prometa volverme a ver, y sea solo mío.



Gabo a los 19

Quiero un hombre de verdad, no de esos que dicen ser activos y te tocan más delicados que una flor, suenan a estafa, alguna vez hasta me sorprendieron con ropa interior de encaje y demás delicadeces, no lo quiero muy grande, hasta los treinta se ven bien, alto, delgado, y sin vello, de labios delgados, y pelo corto, me gustan las nalgas duras y las piernas fibrosas, y en la cama, que disfruten de mi, que aprovechen estas formas que el gimnasio a moldeado, que me agarren el pene mientras me penetran, que muerdan mi espalda sin marcarme, y que les quede animo para repetir la faena una y otra vez.



Juanjo 24

Hoy me desencanté de Luis, ya me cansé de verlo tan seguido, si no fuera por Martín y Robin, que aburrida sería mi vida, Luis tiene el cuerpo perfecto, y se deja hacer de todo, pero eso es lo que me cansa, no pone de si, está bien que sea yo el activo, pero tampoco, tampoco pues.. si Martín no fuera tan delicado, sería perfecto como para algo serio, y si Robin que es machito e inteligentón, y no fuese tan feo de rostro, arrancaría con él. Ya llegará el hombre perfecto.

Marco 30

Adoro amanecer junto a Francisco, adoro su aroma por la mañana, hasta ese aliento acidón me conmueve, sus formas jóvenes y trabajadas, su timbre voz cuando me canta, y hacer el amor con él, es como danzar tras el ensayo diario, fluido, rítmico, mirar su rostro cuando estoy en él, verlo morderse los labios mientras esboza una sonrisa, no me veo sin él, no existo sin él.

Joseph 36

No hay como un chibolo, entre los 20 y los 25, duros, y agiles, que sepan lo que quieren, pero que se dejen hacer lo uno quiere, en fin uno los compensa, que te besen con fuerza, que te cojan de los hombros fuertemente, mientras te penetran estando de pie, que sean suaves pero marcados por el ejercicio, sentir su arremetida agitada, y su respiración sobre mis hombros susurrándome alguna que otra grosería mientras lo hacen es lo máximo.

Diego 46

Lo extraño tanto cada vez que sale de viaje, su trabajo es terrible, pero lo compensa con creces cada vez que retorna, me conoce tan bien que no tengo ni que darle mis tallas, ni especificar el color de lo que me compra, sabe a que huelo y siempre acierta en los perfumes, me lee la mente cuando me compra un libro, y lo mejor es que yo he conseguido hacer lo mismo para él, si eso es amor, ando enamorado desde que lo conozco, desde que decidimos vivir juntos, desde que amanezco a su lado y soy solo de él y para él.

Felipe 65

Su partida solo me deja con la ilusión de reencontrarlo, quiero devolverle todos esos besos que me dio estos años, creo que me besó mas a mí que yo a él, así que esa está pendiente. Me hizo feliz, y no sé si conseguí lo mismo en él.





jueves, 1 de septiembre de 2011

Sí, soy YO

Sí, Soy yo..

Arturo caminaba pensativo por una calle estrecha poco iluminada, eran ya las 5 de la mañana, pero el sol no se decidía a salir, los efectos del alcohol se había disipado como por magia, su mente giraba en torno a imágenes entrecortadas, mudas, agitadas, su corazón se aceleraba, lo invadía la angustia.

La noche anterior, habían salido en grupo, compañeros de universidad en una clásica andanza de alcohol y desarreglos, habían tomado en un bar del centro de la ciudad, tras eso a una disco de moda, que por cierto estaba repleta, el alcohol había inhibido el recato y cada quien estaba más galán que el otro, así que bailaron y se insinuaron a más no poder a cuanta niña les dirigía la mirada, Gustavo el mayor del grupo (andaba en 23 mas o menos), ligó y desapareció rápidamente, los otros 3 amigos se recogieron a seguir tomando, pero ya en casa de Mauricio, quien vivía solo, en un cuarto para universitarios, lo que le permitió ofrecer sus dominios para continuar la faena, una botella de ron y una coca enorme fueron la sazón para esa aventura, eran casi las 3 de la mañana y la noche se ponía interesante.

El cuarto de Mauricio era amplio pero escaso de mobiliario, una cama, una pequeña mesa y dos bancos, una jarra para la mezcla, algo de música en bajo volumen, y conversa casi a gritos, Lalo, abandono la causa, pidió un taxi y salió tambaleándose, no eran ni las tres y media, Arturo siguió sirviendo ron, y Mauricio fue el cómplice perfecto para la empinada.

Al cabo de varios tragos, el rostro de Mauricio cambió, se hizo inquisidor, y al mismo tiempo risueño, dejó el banco para sentarse al borde de la cama al lado de Arturo, a partir de ahí comienza la tormenta mental de Arturo, tiene frases a medias en la mente, “me gustas” “siempre me atrajiste” “que suaves son tus manos”” puedo besarte?”,tiene imágenes trastocadas, ropa que se retira del cuerpo, desnudez torpe, besos grotescos, y manoseos no menos sutiles, se mira tumbado en la cama con Mauricio desnudo encima, alto y delgado, fuerte, recuerda lo irritante de su barba castaña como su pelo, crecida, arando su rostro, su pecho, su pene, lo recuerdo agitando toscamente un pene que luchaba por erectarse, y que tras conseguirlo, fue introducido en una boca tibia y húmeda, las imágenes van y vienen. Recuerda a un Mauricio a Horcajadas sobre si, en cuclillas s mientras humedece con saliva el pene de Arturo, y lo guía al ingreso, recuerda en vaivén reiterado, y sin final, recuerda a Mauricio tendido a su costado, al despertar, desnudo, no lo recuerda desagradable ni avergonzado, el sentimiento es indiferente y distinto.

Recuerda haberse vestido rápidamente, lavado el rostro y salido cauto, como si hubiese pecado, corrido unas cuadras como escapando, y calmado el paso en esta callecita angosta y poco iluminada.

Estas cosas pasan se decía mentalmente, debe haber sido el alcohol, seguramente no hicimos nada y mi imaginación me hace la pasada… se preguntaba y respondía mentalmente, se rió para sí cuando empezaba a convencerse de lo poderosa que podría ser su imaginación.. llegó a casa, se desvistió en el baño y se contemplo al espejo, su cuerpo tenía las marcas que su imaginación había dibujado, caricias que oscurecen la piel y la ponen vinosa, en cuello, pecho e ingles, su pene irritado y sus nalgas como si las hubiesen amasado, negaba lentamente frente al espejo, se tocaba cada rincón señalado, empezaba a recordar, se odiaba y odiaba a Mauricio, los minutos pasaban, y en su entrepierna empezaba a delatarse un sentimiento descubierto, mientras mentalmente repetía las escenas toscamente recordadas, una erección generosa se proyectó extrañamente, Arturo cerró los ojos y se masturbó, fuerte y toscamente, emanó voluminosamente y se lamentó de no tener nuevamente a Mauricio en ese momento.

martes, 23 de agosto de 2011

Los Años Marcan..

Los años marcan,


Mauro se concentra en su imagen frente al espejo, se mira una y otra vez, no se reconoce, se ha observado tantas veces los últimos años pero no había reparado en que estos años han ido dejando marcas que no regresan, que no se borran, que por el contrario se profundizan y hacen del Mauro de siempre, otro, un Mauro viejo.

Hace unas semanas pasó la línea de los 50, su vida ha sido cómoda, algunas veces excitante, muchas apasionada, pero hoy es calma y solitaria, las marcas alrededor de sus ojos, reflejan muchas risas pasadas, las que circundan la boca muchos besos dados, la delgadez de su cuerpo reflejan dinamismo y lo suave de sus manos, preocupación personal, su mirada irradia calma, pero al mismo tiempo angustia, sus latidos galopan cuando recuerda, cuando lo recuerda, su mente vuela en solitario, fantaseando, se siente viejo, se siente solo, no es feliz , le falta tan poco, le faltó él.

Allá en sus treintas lo dejó ir, desde entonces solo vivió el momento, hasta que esos momentos se distanciaron unos de otros, hasta que se hicieron inexistentes entonces dejó de vivir, y pasó a recordar, a añorar, a lamentarse, a preocuparse de otras cosas, de aquellas del mundo, de las que dan comodidad y vanidad, pero dejó de lado las importantes, las que permiten un sueño reposado y un despertar en compañía. Hoy se lamenta. Dice no arrepentirse, pero sabe que se miente, cree que ya es tarde, yo le digo que no.

Conocí a Mauro por trabajo, y nos hicimos buenos amigos, a veces me llama por las noches y hablamos varios minutos, siempre se disculpa por interrumpir mi sueño, siempre le digo que no hay problema, en realidad no existe tal para mí, pero sé que se atormenta por los suyos, lo escucho atento, no me da chance a hablar, o aconsejar, cree haber alcanzado su plenitud, así en soledad y arrepentimiento, le insinúo que está equivocado, no me deja explicar. Por eso estas líneas, ya que sé que me lee.

Nunca es tarde para hacer lo que uno quiera, sea esto lo que fuese, si el cuerpo ya no nos apoya, siempre habrá alguien (si hemos cultivado), que esté dispuesto a hacer las cosas por nosotros, haciéndolas con nosotros, si es preciso enamorarse, así sea en la madurez, solo hay que permitírnoslos, para cada quien hay un alguien, y si dejamos pasar al supuesto, los giros de la tierra siempre nos proveen de alguien más. Se da, solo tenemos que convencernos de que así es, para mantener la rotación vital que nos permita sonrisas que sigan marcando nuestros rostros, alrededor de los ojos y de los labios, que mantengan la delgadez del dinamismo y acaricien con esa suavidad que se solo proveen nuestras manos.

Pese al invierno que entristece… a sonreír. Un abrazo Mauro.

lunes, 15 de agosto de 2011

De locuRas Y OtrOs ArrebAtos!

De locuras y otros arrebatos,

Peter y Daniel entraban algo temerosos a un hotel miraflorino, eran ya casi las 4 de la mañana, ambos agitados por la secuela de la música electrónica y olorosos a tabaco y algunos otros condimentos, se pararon frente a la recepción, y mirando torpemente a una señorita de lo mas inquisidora, Peter solicito “una habitación doble por favor”, una mueca de picardía se fugaba de sus labios, ella ni siquiera pregunto por el equipaje inexistente, ni por el periodo de la estadía, se limitó a decir, son 150 soles, y a buscar la llave y el control remoto, se puso de espaldas a los huéspedes, y Daniel en un arrebato de excitación, besó apasionadamente a Peter, el beso duró lo que la joven en girar nuevamente, Daniel celebró su astucia, pero Peter le señaló sutilmente el espejo inmenso que se hallaba frente a ellos. Fue difícil disimular el rojo intenso de sus rostros, ella sonrió con complicidad, diciendo, “cuarto piso por el pasillo”.

José viajaba por trabajo, como siempre, Marco, su pareja lo acompañaría en esta ocasión, llegaron puntuales a la estación de buses, dejaron el equipaje en bodega, manteniendo solo una manta delgada, ya que la ruta de noche se hacía algo fría, y subieron al bus que los llevaría en 8 horas a destino, una ciudad de la sierra central en la que la empresa de José abriría una nueva oficina. Eran las 7 de la noche y el bus iba repleto, en la ruta algunos pasajeros de más se apostaron en los pasillos, inicialmente de pie, luego acomodados sobre el piso. La pareja, uno al lado del otro se cubrió con la manta, ambos, juntos, la mano de Marco se entretuvo bajo ella, en la entrepierna de José, la erección fue inmediata y la incomodidad enorme, Marco insistía, las luces estaban aún prendidas, su mano se deslizaba rítmicamente, había desabrochado el pantalón, deslizado el pene de su amante por un costado de la ropa interior, y una vez expuesto, lo masturbaba sutilmente, acelerando el ritmo periódicamente. Las luces se apagaron, y a Marco se le ocurrió bajar, enterró su cabeza bajo la manta, saboreó con esmero a José, llevándolo prontamente al clímax, consiguió arrancarle un gemido sonoro, que fue callado por un “shhhh” en coro de varios de los compañeros de viaje.

Fer llegaba a casa con Maickol, su pareja de esa noche, la casa de Javier había sido el escenario del encuentro, del flirteo, del beso casual, y de una noche de entregas, mutuas, modernas, ahora retornaban Maickol acompañaba a Fer, iban sonrientes por esa callecita deshabitada, silenciosa, domingo de madrugada, cuchichiaban, se reían casi mudos, una vez frente a la puerta, se miraron fijamente, se acercaron, y de la manera más temeraria, juntaron sus labios para fundirse en un beso no negado al deseo, tras unos instantes, se oyó el brusco cierre de la ventana del balcón del cuarto de sus padres, ahí arriba sobre ellos como escenario directo, Maickol se desesperó en soltarse, Fer se sintió perdido, tendría mucho que explicar, y eso no estaba en los planes de esa noche.

Tuto y Michel hacían el amor apasionadamente, el departamento de Michel se hallaba en un segundo piso, el edificio lo habitaban varias familias, padres e hijos, Michel era el soltero, treintón, al que veían con una y otra llegar a casa, y a veces salir muy tarde, en sazón de bebidas o planes o música en tono alto. Su perfil gay era insospechado. Tuto era su amante habitual, usualmente daban rienda a su pasión en hoteles discretos o en casa de Tuto, esta tarde habían coincidió en casa de Michel, y el momento pidió el juego erótico al que siempre se entregaban, la desnudez era plena, y el sudor hacía que sus cuerpos brillasen, Michel estaba en Tuto, quien boca abajo mordía la almohada mientras reprimía gemidos que de no ser por eso serían gritos, de pronto los perros ladraron, y las ventanas vibraron groseramente, el piso temblaba, la música calló por la ausencia de fluido eléctrico y las puertas de los departamentos se abrían y cerraban mientras un sinfín de voces invadía los pasillos para finalmente llegar a la calle. El grupo era enorme, todos se apostaron frente al edificio mientras el temblor se alejaba, y entre el grupo, Michel envuelto en una sábana buscaba a Tuto a quien abandonó prontamente, tras unos instantes, lo vio cubierto con una toalla, mirando el cielo, disimulando, tratando de verse entre perdido y ubicado, la gente se dispersaba y el subió prontamente al departamento, coincidió con Tuto en la entrada, se miraron y rieron, frente a ellos, los vecinos sonreían y comentaban entre dientes, ambos entraron rápidamente, no dijeron nada, retomaron lo pendiente.









domingo, 31 de julio de 2011

Peloteando!!

Peloteando..

Tabo terminó de entrenar como cada tarde de viernes, los compañeros del equipo se dispusieron presurosos a retornar a sus casas, él no tenía la misma prisa, caminó lento hacia los vestidores, la mayoría ya salía de ahí cuando él llegó, se sentó frente a su casillero y se quitó las zapatillas, en medias caminó por entre los pasillo, ya no había nadie, retornó a su espacio y frente al pequeño espejo del casillero observó su rostro con detenimiento, el tiempo había sido generoso con él, sus ojos irradiaban fuerza, sus cejas pobladas y pestañas largas, la nariz recta y los labios carnosos y enrojecidos, lo hacían muy atractivo, él lo sabía tenía 24 años, jugaba para un equipo de primera y eso le permitía una vida cómoda en esa ciudad tan fanática del futbol. Se observó por varios minutos, como si esperara algo o a alguien.

Al cabo de un tiempo sintió movimiento en la puerta de los vestidores, notó que se abrió y que luego se cerró poniendo el seguro interiormente, no se sorprendió, se quitó el polo, sudado, y esas medias altas que torturaban unos pies adoloridos, pero cuidados, suaves, de uñas rectas, de dedos largos, escasamente hirsutos, los tobillos afilados, las pantorrillas enérgicas y fuertes, los muslos perfectos, un bello dorado cubría su piel generosamente. Quien ingresó se acercaba a paso lento, el seguía en su faena, dejó caer el short corto con el que entrenaba, y retiró el suspensor, usaba un bikini azul y ajustado, relucía lo generoso de su genitalidad y se marcaba atrás en unas nalgas redondas y endurecidas.

Quien había ingresado lo observaba desde unos metros, continua le dijo, Tabo asintió, y deslizó sutilmente su ropa interior sobre sus piernas, dejándola en el piso tras un paso al costado, estaba desnudo, visto desde lejos, era perfecto, estaba sobre el metro ochenta, atlético, rapado, enrojecido por el entrenamiento, sudado, sucio, macho, quien lo observaba, se desajustó la corbata, se acercó, lo cogió por la cintura y lo besó apasionadamente mientras sus manos bajaban atrás, ajustando las nalgas del pelotero causándole un dolor que le arrancó una imponente erección.

Fernando, como se llamaba el visitante, era directivo del equipo, 42 años, casado, y muy influyente, Tabo era su amante oficial, aquel de las cuatro paredes de ese vestidor, o del departamento en que había instalado al joven deportista, lo que vino después fue agitado, Tabo desvistió a Fernando, dejó el saco estirado sobre un perchero, y el pantalón cuidadosamente doblado en la banca, así desnudos se besaron agitadamente, las manos recorrían con cierta ansiedad cada rincón de sus cuerpos, al cabo de un instante Tabo estaba de rodillas frente a Fernando, su lengua saboreaba ese abdomen ligeramente crecido, se perdía en sus ingles, se detenía en el pene sonrosado, erecto, suave, tibio, ingresándolo a su boca reiteradamente, jugando con sus bolas, rosando más abajo, arrancando gemidos, de pie nuevamente, es girado con torpeza, sus manos apoyadas sobre la pared, las piernas algo separadas, Fernando se preparaba como que apuntando, una generosa cantidad de saliva sobre la mano, la misma que acarició su pene dejándolo listo, luego con ambas manos separaba las nalgas de Tabo, y tras colocar el pene en posición correcta, penetrarlo de un solo viaje. En esa posición concluía la jugada, tras una reiterada fricción una cantidad abundante de eyaculado emergió para depositarse en su interior, arrancando gemidos toscos y relajo posterior.

Caminaron a la ducha, ambos tomaron un baño relajado, la oscuridad invadía ya el ambiente y las luces no se encendían, era perfecto, se besaron mientras el agua caliente golpeaba ambas cabezas, se acariciaron bajo el agua hasta que su piel perdió la textura, es tarde dijo Fernando, salió rápidamente cogió una toalla y recorrió su cuerpo, vistió el traje apresurado, secó su pelo y lo acomodó, besó la frente de Tabo, te veo el domingo le dijo, Ya amor respondió el futbolista, quien a paso lento caminó hacía su casillero para vestirse, y salir del club sonriente, relajado, a continuar con su agenda de viernes. Laura La enamorada, lo esperaba en su casa, la noche recién empezaba.

lunes, 25 de julio de 2011

Fielmente.. infiel

Fielmente Infiel..

Carlos llegó apresurado de la oficina, tiró el saco en el sofá de la habitación, se desató la corbata, y encendió la computadora, se había sentido excitado toda la mañana, no sabía ¿por qué?, se quitó el pantalón, se sentía más cómodo así de fresco, con la camisa remangada, el bóxer ajustado y calcetines de hilo, Carlos tiene 42 años, vive en una casa pequeña en el centro de la ciudad, cómodamente, con Gabriel su pareja de 32 años, con quien comparte desde hace mas de 8 años.

Hurgó en su PC, navegó por rutas que hacía tiempo no exploraba, su idea era encontrar a alguien, sudar esa excitación que lo trastornaba desde hacía ya varios días, no tardó mucho, encontró a varios en la red, muchos fáciles de contactar, simples de satisfacer, Carlos era activo y ellos son los más buscados, hasta que un perfil lo motivó, varonil y discreto decía, y aparecía un teléfono celular, Carlos llamó.

La cita se pactó en una hora, cerca a un hotel discreto por una avenida de lo más comercial, se dieron una pauta para reconocerse, el color de la chaqueta, el modelo de los tenis, que se yo, Carlos no reprimió su excitación, se masturbó con furia y tomó una ducha tibia, se puso unos jeans desteñidos, zapatillas sin medias y un polo oscuro, tomó un taxi y enrumbó.

Al llegar a la esquina pactada, notó la presencia de quien se había descrito en la conversación previa, al menos coincidía la descripción del atuendo, ya que la edad era menor de la esperada, no lucia de 28 si no de de 20, su aspecto lo mostraba más delgado de lo que originalmente supuso, pero su rostro era gentil y su actitud varonil, Carlos le extendió la mano y la notó áspera, lo miró sonreír y vio una dentadura perlada y perfecta, se decidió a dar el siguiente paso, fueron al hotel, pagaron una habitación doble y con baño, ninguno llevaba equipaje, pero el hospedero no se sorprendió. Una vez en el cuarto ambos se miraron fijamente y Carlos le pidió que dejase la luz prendida, me gusta ver le dijo, no hay problema respondió el cómplice, desnúdate, y fue rápido al hacerlo, Carlos estaba tirado sobre la cama, observaba, una erección se proyecto en su pantalón, el muchacho lucía muy bien desnudo, era delgado pero musculado, tenía el cuello largo y una postura orgullosa, el pecho plano, el abdomen marcado, los genitales de bello recortado, un pene alargado y muy estético, al girar notó sus nalgas saltonas, los muslos escasos pero en proporción a sus pantorrillas, el conjunto lucía muy bien bajo el parpadear del fluorescente que no terminaba de encenderse.

Así desnudo, el muchacho se aceró a Carlos, desabrochó su pantalón y lo bajó ligeramente, un pene erecto emergió al instante, grande e imponente , él no vaciló en recibirlo con sus labios, lo acarició con ellos y con su lengua, para luego introducirlo en su boca arrancando gemidos a un Carlos a punto de repetir la entrega tibia que dejó en casa antes de salir al encuentro. Carlos lo distrajo de la faena y lo colocó sobre sí y en horcajadas, era incómodo, se desvistió y repitió la posición se rosaron intensamente, el muchacho intentó besarlo, pero Carlos lo evadió sutilmente, él entendió, las cosas fluyeron. Tras varios giros Carlos se armó de un preservativo y el joven se untó de un cristalino gel diseñado para tales fines, de inició ingresó así, teniéndolo cual jinete sobre sus cintura, el vaivén fue pleno, Carlos estuvo a punto de concluir en varios instantes y frenando a su amante con sutiles mordisqueos en el pecho, luego giraron y las piernas del joven se situaron en los hombros de Carlos, puestos así, el joven gimió con descaro, Carlos lo calló en varias ocasiones, finalmente lo tumbó boca abajo, y lo penetró con cierta violencia, mientras separaba sus nalgas con ambas manos, para permitir un ingreso más profundo, su boca mordisqueaba la espalda, la cabeza del muchacho se internó en la almohada y así en esa posición, percibió el desenfrenado movimiento que se aceleró paulatinamente hasta concluir en un gemido gutural y en el relajo pleno de quien tenía a sus espaldas.

Un instante después, Carlos se retiró de ese refugio tibio y humedecido, caminó hacia el baño y desecho el preservativo, se vistió rápidamente mientras el joven se permitía concluir su faena con una paja avivada por las sensaciones recién experimentadas, Carlos lo dejó en esa ruta y se marchó a casa.

Gabriel lo esperaba cariñoso, se sorprendió de verlo con ese atuendo, te viniste a cambiar? Le preguntó, si, ayudé a un amigo a mudar unas cosas a su nueva oficina, a bueno, me daré un baño, que me siento sucio, ve amor, que te serviré la cena.

Ambos cenaron como siempre, los ojos de Carlos brillaban, estaba calmo, Gabriel dejó los platos tendidos en la mesa, lo acompañó a la cama y se deshizo en besos y caricias, lo desvistió e hicieron el amor con delicadeza y paciencia. Carlos durmió plácidamente esa noche, sus sueños pintaban a un joven delgado y musculado a quien le hacía el amor violentamente, lo tenía tendido boca abajo y le mordía la espalda, el joven desenterraba su rostro de la almohada, lo giraba y le sonreía con placer, tenía el rostro de Gabriel.