sábado, 4 de septiembre de 2010

El cumpleaños 26



El cumpleaños Nro 26


La Música sonaba alto, y Alejandro no dejaba de ver a Coco con atención, mientras ambos arreglaban la casa. Era el cumpleaños de Alejandro, el cumpleaños número 26, y sus mejores amigos, Coco y Gustavo, habían decidido celebrarlo en la casa de playa de Alejandro, solo que el verano estaba distante y la casa necesitaba arreglos, habían decidido ir un día antes a fin de dejar todo listo para la llegada del grupo, las cosas se le complicaron a Gustavo, y terminaron viajando el festejado y Coco. Al llegar, notaron que necesitarían tiempo y manos, así que comenzaron con prisa, ya que solo contaban con la tarde del viernes para dejar todo en rumbo para el día siguiente, en el que la reunión comenzaría al medio día y esperaban la llegada de amigos y amigas del trabajo y la universidad.

Alejandro conocía a Jorge (Coco) desde hacía 2 años, formaban parte de un club y además, Coco realizaba prácticas en la empresa en la que trabaja Alejandro. Se hicieron buenos amigos y andaban juntos para todos lados, Gustavo era de la promoción de la universidad de Alejandro, se conocían de mucho tiempo atrás, no tan bien como veremos, pero si con aprecio y cariño.

El trabajo en casa fue arduo, la música seguía sonando, pasaron los enanos verdes, líbido, Amén, entre otras bandas en español, Coco tenía afición por el canto y lo hacía bien, Alejandro disfrutaba de la vitalidad de su amigo, de su sonrisa franca en el trabajo, de sus atenciones pese al agitado trajín, sacó cervezas de la nevera y las renovaba frecuentemente mientras las escobas eran cambiadas por lustradores, y las sillas movilizadas de un lado a otro, Coco tenía 21 años, era bien parecido, de familia disfuncional e independiente, de buena conversación, de sentimientos sinceros pero de genio rebelde y arranques algo impredecibles.

Las cosas quedaron listas como a las 10 de la noche, se asociaron a un estado de ánimo encendido por el alcohol y la satisfacción por haber dejado todo mejor de lo que se esperaba. Coco se quitó la ropa y en bóxer se dirigió a la ducha, Alejandro lo observaba, nunca antes había notado con tanta excitación lo atractivo que era su amigo, Alejandro se conocía bisexual, pero no practicaba su opción gay desde la universidad hacía varios años ya y jamás había mirado con esas intenciones a algún amigo cercano o compañero de trabajo, esa noche, y en tragos, miraba a Coco con deseo, y no se disimulaba al hacerlo.

Jorge caminaba por la habitación luciendo unos cortos y ajustados calzoncillos, azules de rayas finas, se veía alto, su pelo cortado al ras, esa cabeza en forma oval, ojos muy grandes de pestañas largas y rizadas, de un marrón distinto, profundo y tierno, la nariz recta, los labios escasos de carne pero delineados, el tórax alargado y recto, el abdomen perfectamente dibujado, decorado además con varios tatuajes en los hombros y la espalda, sus nalgas eran redondas y saltonas, el color de su piel lo delataba de color, y eso se reflejaba en sus curvas posteriores, en la generosa e insinuada genitalidad, en sus piernas de muslos gruesos en proporción a las pantorrillas y es sus pies perfectos. Alejandro lo encontraba particularmente agradable esa noche.

Alejandro tomo el turno en la ducha, lo hizo con mas recato, caminó en pantalones hacia ella, él no sentía la juventud de de Coco en sí mismo, pese a que la diferencia era de solo de 5 años, se miraba mas adulto, menos atlético pero mejor parecido, medía 1,75, su peso estaba en proporción, su rostro estaba delineado por un corte de pelo tradicional, corto de raya al costado, sus cejas gruesas, sus ojos verdes, contrastaban con su piel canela, su cuerpo proporcional, no marcado de piernas largas y escasas nalgas. Antes de ducharse, le pidió a Coco que sacara más cervezas, que recién empezaba el relajo tras el trabajo.

Ambos se sentaron en las hamacas del patio, estaban en ropa ligera, Coco se mantenía solo en bóxer, Alejandro usaba short y un polo, estaban descalzos, la música seguía sonando, las cerveza circulando y la conversación era plena. Al cabo de un rato el alcohol exageraba sus efectos, decidieron descansar, ambos enrumbaron a las habitaciones, pero decidieron usar la misma, y finalmente tirados en la misma cama siguieron tomando un par de cervezas mas.

Las cosas ahí se volvieron distintas, Alejandro se insinuó francamente, Coco le siguió el juego, la noche se encendió, tras unas caricias tontas, una mano sobre el cuello, o un susurro al oído, empezaron los besos, Coco se sentía mareado, pero disfrutaba de ese juego, Alejandro moría por penetrar a su amigo, pero le seguiría el preámbulo necesario, los besos fueron increíbles, agitados, toscos, mordisqueros, de lenguas intrépidas, de exploración, bajaban a los cuellos, a las tetillas, las manos hicieron su parte, extendidas, recorrieron la piel de espaldas, nalgas, pechos, y flexionadas intentaron buscar pliegues y orificios, aunque esas rutas se negaban disimuladamente. La desnudez llego en plenitud, la luz encendida aumentaba el morbo, “es perfecto” se decía Alejandro mentalmente, Coco prefería no pensar, se tumbaron en la cama, sintieron sus penes erectos rozar la piel, se friccionaron uno al otro, los besos continuaban, las manos incluyeron al pene y a los testículos en la exploración, la respiración agitada se convirtió en gemidos en varias ocasiones, los cuerpos giraron y siguieron rosándose sobre nalgas, o en juegos, sobre el pecho o espalda, los labios , de ambos, exploraron mutuamente ingles, y sutilmente testículos y penes, el de Coco era generoso curvado hacia arriba, distalmente en punta y de base ancha, de piel suave, de tono oscuro, de aroma a jabón ,de abundante, cristalino y salado fluido, de testículos pequeños y escaso vello, Alejandro ofrecía mas, un pene alargado no muy grueso pero de glande generoso, blanquecino, de venas tortuosas a lo largo, de piel suave y de lunares, de testículos grandes, colgantes y de abundante pilosidad, se conocieron a la perfección durante el juego, no hubieron penetraciones, solo roces, y demás sondeos bucales, se habían delatado cómplices, y a ambos la idea les parecía fantástica. Ninguno tuvo un orgasmo esa noche, el alcohol les permitió un largo juego, pero impidió su fin, el sueño los venció, y así desnudos se entregaron abrazados al reposo que hacía falta.

La mañana siguiente los sorprendió enlazados sobre la cama, el calor exigió que se alejaran, Alejandro se puso de pie, y observó lo atractivo de su amigo, no sabía si abrazarlo y mantener la complicidad del día previo o retirarse y disimular, dejar lo ocurrido como una anécdota olvidada , consecuencia del alcohol, Coco abrió los ojos y se quedó viendo a su amigo de pie a un costado de la cama, desnudo y dudoso, “ven acá y abrázame” le dijo en un susurro, Alejandro se recostó junto a él y le besó tiernamente en los labios.

Fue el cumpleaños 26 de Alejandro, hoy va por los 30, Gustavo y Coco preparan las cosas para recibir al mismo grupo de amigos, compañeros de trabajo o de la universidad, a veces en la casa de playa, que tantos gratos recuerdos trae, otras en el departamento citadino, en el que Coco vive feliz con Alejandro desde hace ya más de 3 años.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

PacIenCia

Hoy me senté frente a la PC con toda la intención de derramar letras, ordenadas, algo calentonas para revitalizar mi blog, y quizas buscar una imagen acorde como para causar impacto,
tras la esperada ilumincaión, me vi obligado a claudicar, se complicaron mis astros, una llamada del trabajo, un familiar enfermo, y al mismo tiempo mi perro pidiendo jardín, no sabía cual resolver primero, atinpe a tratar de hacer todo al mismo tiempo, asi que me compliqupe el existir, me gané un dolor de cabeza que aún me tiene loco.
Denme tiempo, tenganme paciencia, que cuando llega la inspiración, me renueva el dolor de cabeza y solo calma tras la publicación del caso.
Mantengo el contacto,saludos
CarlosD

martes, 24 de agosto de 2010

Cerca A MI


Cerca a mí..

La noche era fría, las calles poco iluminadas, el camino interminable y yo ausente, a pasos lentos, mirando todo y viendo nada, mis ideas superpuestas.. Me nublaba a mí mismo, a veces pasa, te vi a lo lejos, y fugué de mi complicado mundo, estabas sonriendo, muy rodeado, pero destacabas, no pude dejar de contemplarte, irradiabas esa luz que necesitaba, te busque con la mirada, y me complací de haberte encontrado.

Diste unos pasos y me saludaste con un abrazo, te olí, eras tú, tu aroma jamás disimulado por alguna fragancia extraña, emanabas un sabor a calma, a simplicidad, a tristeza relegada, a ternura, te pedí compañía y decidiste andar a mi lado.

En la marcha, me dedique a observarte, tu paso lento y acompasado, tratando de acoplarse al mío, las manos en los bolsillos, solo refugiadas, sin buscar nada en ellos, tu porte alto, esa gorra deportiva que jamás dejabas, tu sonrisa amplia y silenciosa, mostrando el marfil alineado de tus dientes, tu atuendo deportivo contrastaba con ese gusto delicado por aquello que suele hacerse difícil de conseguir, no niego que delataban tus formas, el buzo, resaltaba el tórax ancho y angosto de cintura, las caderas rectas, y las nalgas redondeadas, intentando fugarse hacia atrás, tensando el pantalón, tu genitalidad relajada, insinuante, las piernas engrosadas y los zapatos deportivos.

Esa tarde andamos varias cuadras, le dimos un par de vueltas a mi casa, no quería llegar, necesitaba esa marcha, necesitaba tu compañía, adoraba esos oídos dispuestos a ahogarse en mis lamentos, y ese tono de voz tan franco, de pocas palabras, pero todas ellas cómplices y reconfortantes. Oscurecía, llegamos a mi casa, te acercaste a mi oído y antes de dejarme, sonreíste, me recordaste que te encantaba estar conmigo así, para serme útil de la forma en la que eras experto, marchaste de regreso, y al aun estar cerca volteaste sonriente, me miraste, El llegaba y parece que arrepentido, te lo dije me susurraste y sonriendo emprendiste la marcha de retorno. Te extraño.

(con el cariño de un amigo, para aquel a quien conocí escasamente, pero que por lo rodeado, me convenzo, que fue mejor persona, gran amigo, sano compañero y mejor hombre, Tu partida nos llena de tristeza, pero nos reconforta el estar convencidos de que tu nueva morada es divina y digna de aquello que sembraste cerca a nosotros. Una oración por ti Willito)

martes, 17 de agosto de 2010

JardiNeS CóMpliCes


Jardines cómplices

Esa noche Daniel sería la pareja de una de sus mejores amigas en la fiesta de celebración de sus 15 años, Daniel tiene 16 y conoce a Sofía desde la primaria, aceptó gustoso ser compañero de esa noche y entusiasmado preparó los detalles con antelación. El terno era azul oscuro y tenía el cuello corto y despuntado, se unía por medio de tres botones, el corte era entallado, atrás dos cortes verticales resaltaban las nalgas, el pantalón carecía de pliegues, estilizaban la figura de Daniel, la camisa blanca e impecable, y una corbata de seda, en tonos celestes y turquesas.

Esa tarde de fue de preparativos para ella y para él, corte de pelo, en realidad solo una emparejada. Rasurada (era la primera vez que lo hacía), aun en el baño se observaba desnudo frente al espejo, se sentía atractivo, era alto, delgado y con marcas en el abdomen, su rostro era fino y aun adolescente, los vellos empezaban a aflorar en piernas, axilas y pelvis, lucia sensual pese a su inmadurez, él se agradaba, iba a ser el rey de la noche, junto a Sofía, la quinceañera, su hermosa amiga.

Ya en la fiesta, se sintió intimidado, muchas fotos, mucha gente, cada quien más producido que el otro, y muchas miradas puestas en él, la rutina se desarrolló pronto, el baile, los saludos, y las miradas, una de las cuales no se le despegaba de sí, Manuel, el hermano de Sofía, no dejaba de contemplarlo, ya lo había notado distinto al saludarlo, le había apretado las manos con demasiado afecto, y lo había abrazado, le susurró con sarcasmo lo bien que se veía esa noche, y eso sonrojó a Daniel, pero no negaba que lo hizo sentir especial, pese a ser un halago masculino.

Manuel era mediano, casi de la taya de Daniel, tendría 21 años, cejas gruesas y labios llamativos, era muy guapo, y varias de las niñas de esa noche lo comentaban, jugaba rugby para el equipo de la universidad local, el pelo castaño de risos (esa noche peinados y sujetos con sutiles ganchos de pelo), un cuerpo trabajado en un terno perfectamente acomodado, negro y de corbata rosa, manos suaves y de dedos largos (de eso se percató Daniel tras saludarlo) y un aroma cítrico que conjugaba con su personalidad informal y carismática.

Daniel no se negaba a sí mismo, haberse sentido impresionado por el hermano de su amiga, pero aún no sabía exactamente qué es lo que le llamaba la atención ni por qué toda la noche fue perseguido por la mirada de Manuel.

En una visita al baño ambos coincidieron, Manuel le propuso unos tragos a Daniel, prácticamente lo retó a beber algo que no sea cerveza, Daniel valiente aceptó de esa botella de whisky de la que bebía Manuel, al cabo de un rato ambos se reían escandalosamente cerca al jardín de la casa.

Daniel ya no tenía franco dominio sobre sí mismo, ni se percataba de quienes los rodeaban , su mirada estaba concentrada en Manuel, lo veía atractivo, le gustaba, su voz lo hipnotizaba, sus ojos lo capturaban, sus manos lo dominaban, al cabo de un rato estaban escondidos tras un árbol, muy juntos, tanto que Manuel susurraba al oído de Daniel y le arrancaba risas, tras un descuido los labios de Manuel se sembraron en Daniel y éste no pudo negarse, para Daniel fue tierno, para Manuel apasionado, hubo correspondencia.

Daniel no pensaba, una erección se dibujaba en su entrepierna, las manos de Manuel lo recorrían por atrás, y Daniel no atinaba a sacarlas, en eso Manuel exploró la genitalidad del adolescente, lo sintió erecto, se excitó, delicadamente le desabotonó el saco, deslizó el cierre del pantalón y expuso un pene juvenil, rosado, aun no definido, pero erecto, y emanando cristalinas secreciones, miró a los costados y de agachó, en cuclillas saboreó el pene de su cómplice, arrancándole sutiles gemidos, lo hizo por escasos minutos, no permitió que Daniel terminara en su boca, lo notaba próximo y se detenía, lo tenía en sus manos, se puso de pie, lo beso tiernamente, lo hizo girar y así teniéndolo de espaldas a sí, desabotonó su pantalón y expuso su pene erecto, grueso, y afilado, oscuro y de marcadas venas, lo humedeció con su saliva y deslizó hacia abajo el pantalón de Daniel, no le dio tiempo a manifestar una negativa y se introdujo en esas nalgas saltonas, endurecidas, firmes, que protegían un orificio jamás profanado, tonificado, tentador, el grito de Daniel fue apagado por la palma de la mano de su cómplice, el jardín estaba desierto. Unas lagrimas se deslizaron por los ojos de Daniel, Manuel se movió rítmicamente, pero fue breve, Daniel sintió un fluido cálido en su interior, no supo si disfrutó, al menos la forma fue tosca, su sexualidad en duda, fue agredida, pero le gustó?, se preguntaba a sí mismo, Manuel se subió el cierre con premura, le dijo a Daniel que se vistiera, y lo dejó en medio del jardín, solo en sus pensamientos.

Daniel tenía un fuerte dolor de cabeza, a la mañana siguiente, no pudo ni sentarse con normalidad, quería recordar los detalles, como lucía Manuel, como lucía su pene, si era grande, si era suave, tenía imágenes entrecortadas, no era remordimiento, era la duda de haber o no disfrutado de lo ocurrido, de si tendría la oportunidad de repetirlo, quería besar a un hombre nuevamente, quería dedicarle el tiempo necesario a recorrer un cuerpo, quería penetrar, y definitivamente, deseaba más que todo, volver a ser penetrado.

viernes, 13 de agosto de 2010

Dia y noche... (link de un corto)


Cumpliendo vuestro encargo TUTO! un abrazo

Fear of the unknown.
They are afraid of new ideas.
They are loaded with prejudices, not based upon anything in reality,
but based on… if something is new, I reject it immediately because it’s
frightening to me. What they do instead is just stay with the ...

clikea aca :

jueves, 12 de agosto de 2010

Una Paja Hombre!!


Una Paja Hombre!

Carlos caminaba de un lado al otro en su departamento, recorría la sala, la cocina y la habitación, el espacio se le hacía pequeño, la ruta de más conocida, al paso acomodaba un cojín, o un adorno, prendía o apagaba luces, estaba ansioso.

Tenía mil cosas en la cabeza, cada una inconexa de la otra, se cruzaban además colores, sonidos, y otras percepciones pasadas, hoy recuerdos confusos, no organizados, estaba ansioso.

Encendió la radio, sonaba Fever de Madonna, escuchó brevemente, la apagó, luego frente al televisor, lo encendió y alcanzo a ver Tom Cruise, adolescente en paños menores, bailando en la sala de su casa, una película vieja, seguramente, pero esas piernas adolescentes despertaron en Carlos una ligera erección, A la mierda, se dijo, y metió dentro de su pantalón las manos y se encendió francamente.

Carlos tiene 26 años, trabaja en informática en una empresa de telecomunicaciones. Había salido de un turno de 24 horas, había dormido escasamente, no tenía sexo hacía más de un mes, andaba solo, se merecía esa paja. Corrió frente a la computadora, y la encendió.

Ya en otras ocasiones se había motivado en la red, conocía algunas páginas que mostraban extraños frente al web cam tocándose o haciéndose el amor públicamente, heterosexuales, homosexuales, transexuales, y de ambos géneros, siguió esa ruta conocida, y el panorama se mostraba atractivo, contactó con una trió de adolescentes colombianos que empezaba a desnudarse mientras se decían tosquedades.. Se conectó a esa imagen, la erección ya era manifiesta, sus manos, ambas empezaban el trabajo.

Decidió hacer bien las cosas, empezó por quitarse las zapatillas y calcetines, estaba en buzo, sentado frente al monitor, en una silla ejecutiva reclinable, se miraba los pies, le atraían, eran blancos, finos, de dedos largos, uñas perfectamente cortadas, escasa pilosidad, los rozaba uno al otro, toscamente, la erección se mantenía, sus manos pasaban por la zona, aun refugiadas bajo el buzo, luego se quitó el polo, lo tiro cerca, sus ojos se fijaban en el monitor, los colombianos ya andaban desnudos tocándose unos a otros, la mirada jugaba entre la pantalla y si mismo, tenía bueno brazos, gruesos y delineados, el pecho definido, el abdomen grueso, algo rollizo, pero lucía bien, las manos extendidas paseaban entre el ombligo y sus genitales, decidió quitarse todo, se sacó el pantalón y luego el bóxer, se vio desnudo frente a la computadora, en ese asiento tan cómodo, su cuerpo empezaba a brillar, el sudor se proyectaba, su diestra empuñaba el pene, grueso, enérgico, afilado y de base ancha, la otra mano jugaba con sus bolas, sutilmente las ingles, el periné, el ano, en desenfrenado juego, los colombianos empezaron un sexo oral acomodado para satisfacer a dos de los tres que se mostraban en pantalla, Carlos empezaba a coger el ritmo.

La paja tenía particular técnica, en ocasiones empuñaba totalmente, apretando el pene mientras lo friccionaba frenéticamente, en otras era solo un aro formado por el índice y el pulgar el que hacía el trabajo, Carlos sudaba, y se animaba a liberar gemidos sutiles, el monitor empezaba a mostrar penetraciones, la imagen era borrosa, ya que Carlos mantenía la mitad del tiempo, los ojos cerrados.

Humedeció sus manos con saliva, emitió francas dosis directamente hacía su pene, este empezaba a lubricar por sí mismo, la paja seguía, los gemidos eran a coro, la computadora y Carlos, alcanzó el ritmo sin retorno, en varias ocasiones, solo que se frenaba a tiempo. Por momentos se ponía en pie, en otros se reclinaba casi al horizontal sobre la silla, quería disfrutarlo, y así lo hacía, hasta que ya no pudo y así casi recostado, decidió terminar, enrumbó, concentrando la diestra, empuñando, una y otra vez, respiraba agitado, gemía, sintió venirse, y no paró, se dio ánimo guturalmente, se oía a sí mismo, gemir y respirar bruscamente, sintió la tibieza de sí mismo en la ruta a través de su pene, hasta que el fluido se exteriorizó con fuerza, Carlos dejó que siga su curso, no hubo acomodos, el chorro inicial le mojó el rostro y la ruta, la tetilla , empozándose en el ombligo, humedeció los vellos, y se acompañó de un suspiro generoso, y calma, Carlos relajó las piernas, extendió el cuello, y respiró lentamente, mientras sonreía.

Luego sus manos recorrieron su abdomen, expandieron su fluido, se empezaba a enfriar y a mostrarse más fluido, él solo jugaba, se sentía relajado, no había más ansiedad, la computadora mostraba aun una bizarra imagen, eran tres y dos de ellos se hallaban penetrados, no eran tan linos, se decía Carlos, pero habían sido más que suficientes para conciliar el relajo. Una ducha extensa de agua tibia, y a la cama solitaria de la habitación cercana, sus dominios, ahora su calma.




lunes, 9 de agosto de 2010

Es o No Es?


Es o no?
(tips del cómo identificarnos)

Sentado en un auditorio de más de 100 personas, me preguntaba cuántos de los atentos participantes en un taller de conflictos adolescentes frecuentes (o algo así, vinculado a la psicología del desarrollo), serían cómplices de la opción sexual que práctico, el cómo darme cuenta se convirtió en el reto mental de esos momentos (a razón de lo monótono de la conferencia), me fijé en el expositor y evalué varios aspectos, tenía una apariencia equilibrada, 45 años, no lucía aro en el dedo, el pelo corto pero acomodado con gel, ligeras canas solo lateralmente, rasurado delicadamente, ya que las patillas estaban delineadas, vestía tonos tierra, el pantalón beige, la camisa blanca, una corbata mostaza, en seda, un chaleco en un tono mostaza menos intenso, el saco a cuadros, en varios matices de marrón, las medias de rombos en tonos cafés y los zapatos marrones de punta cuadrada y que impresionaban extremadamente cómodos, se veía muy bien, las uñas de las manos cortas e impecables, una suave fragancia a madera me insinuaba una esposa extremadamente delicada o un gay de mundo, lo que confirmé al verlo sentarse, y encender un cigarrillo, cruzo las piernas manteniéndolas unidas y raspó el cerillo desde sí y hacia afuera, posteriormente la mirada que dirigió hacia algunos, la forma en poner la mano sobre el hombro de otro.. Ratifiqué que éramos más del grupo, y que en él, teníamos un grato exponente de profesionalismo y otras virtudes académico sociales, que no tenían relación con la opción sexual que practicase. Estuve seguro que era gay y nosotros rara vez nos equivocamos.

Y por qué rara vez nos equivocamos?, cómo sabemos?, pregunté a varios amigos y varios coincidieron en algunas cosas, la mirada fue el requisito indispensable, cuando uno fija la vista en un hombre, de ojos a ojos, usualmente el segundo retira la mirada y sigue con su vida, si éste persiste en la coincidencia, uno se atreve a levantarle las cejas, si la mirada escapa, quizás dudemos, pero si la mirada se mantiene y es más, si se retribuye el gesto, es probable que en el contexto, tengamos a un gay mas, digo contexto, porque hay que observar otros detalles, las manos cuidadas, la barba delineada (chiva, o patillas largadas que se unen en el mentón, etc.) , el corte de pelo, si es atrevido (los emo suelen ser, o son potenciales), o un corte que denote tijeras sobre una máquina tradicional, el cuerpo, si es trabajado (sobre todo en los que están sobre los 30), y si existe franco intento por lucirlo, polos pegadas, mas aun si carecen de mangas, pantalones ajustados, o a la cadera, o esos muy angostos en los tobillos, aun más obvio si se asocian a zapatillas de lona. El perfil suele ser tradicional. Y los adolescentes o jóvenes suelen ser más atrevidos, aquellos maduros y con tales atrevimientos, no requieren usualmente de la duda.

Otros detalles que suelen estar presentes son los aretes (nunca por sí mismos, asociados a las otras cosas), las pulseras en el tobillo, el jean con sandalias finas o delgadas, los polos cortos que permiten se luzca el abdomen o el calzoncillo que sobresale del jean, anillos (más de uno, de plata en dedos inusuales como el pulgar), las uñas con laca o brillo, y seguramente varias cosas que escapan a mi mente o que podrían ser vuestro aporte.

Sobre las actitudes el panorama si es muy amplio, el grupo de amigos te delata y define, acá nunca fue más real eso de “dime con quién andas….” la forma en la que das la mano, suavemente, a veces entregando solo los dedos e inclinándola, en qué te observas las uñas de las manos extendiendo los brazos poniendo el dorso de los dedos extendidos frente a tus ojos, la manera en la que buscas una piedra en la suela del zapato, flexionando la rodilla y llevando la planta del pie hacia atrás para observarla girando la cabeza hacia la región posterior, o cómo recoges algo del suelo, colocándote al costado del objeto y doblando las rodillas para alcanzarlo, son detalles que nos delatan.

Nunca una sola condición nos da el argumento para abordar en esa confianza a la persona en sospecha, pero tres de esos detalles, nos dan más seguridad, y más de tres probablemente la tranquilidad de insinuarnos francamente. Miramos rápido y en contexto, por eso no solemos equivocarnos, nos resulta fácil, porque nos vemos en ellos, vemos lo que somos, o muchas veces, cómo es que queremos ser, y no nos atrevemos. Reconocemos ese valor del ser “obvio”, de manera natural, porque son obvios ante nuestros ojos, ojos entrenados, ya que estos observan lo mismo cada mañana, por toda la vida, en casa y simplemente al vernos reflejados frente al espejo.