jueves, 8 de octubre de 2009

La EvoLucióN dEl GusTo




La evolución del gusto..



De pequeño habían cosas que no me agradaban, e incluso que toleraba poco, la escasa paciencia es innata en el niño, pero ahora cuando me veo varios años atrás, me rio y creo que es sano el poder reírse y el no tener que lamentarse del cómo éramos, porque se supone que la vida nos ha permitido el cambio, la evolución.

Recuerdo que odiaba la crema de espárragos, que mamá se esmeraba en preparar en las noches de verano cuando fugaba la familia en pleno, a la playa, o el que cada mañana untaba un poco de gel en mi cabello y lo ordenaba con un peine que cada vez que circulaba por mi cabeza me dolía como si me estuvieran arañando la piel, odiaba quedarme solo en casa, porque me intrigaba en qué andaban mis padres, odiaba la música de Ricci Poveri en Italiano, el idioma de mi padre. Ahora que evoco mis odios pasados, me rio de lo simple que era mi vida, y la extraño.

Las cosas evolucionan, cuando bordeaba los 20 me preocupaba por lucir bien, oler bien, hablar con propiedad pero actual, a estar pendiente de mi entorno , sobretodo de aquel entorno social tan vital para un joven de esa edad, buscaba en mis más cercanos amigos características similares, el filtro era cruel, muchas veces eso prejuicios de la inmadurez me hicieron perder a más de un amigo y a caerle mal a más de uno. Ni qué decir de aquel a quien uno seleccionaba para llevárselo a la cama, tenía que ser guapo, es decir, encasillarse en el parámetro de la simetría facial, y del estándar latinizado, o muchas veces externo, tenía que ser atlético como uno, y si era codiciado por alguien más, hacer notar que uno se llevaba el premio cuando tenía esa suerte. No creo que todo esto haya sido malo, al menos nos ha servido para aprender, muchas veces este galán seleccionado, no sirvió para más que una noche de desenfreno, pero que tras el placer, no brindó ni conversación alturada ni afecto.

Yo insisto en la normalidad de la estupidez adolescente llena de superficialidades y vanos detalles, pero rechazo tajantemente su prolongación en el tiempo, ya que es preciso evolucionar. Hoy, el deseo por lo atractivo persiste, y es útil de primer intento para poder acercarnos a alguien, aunque nuestros estándares cambian, creo yo que el cuerpo atlético pasa a un segundo plano, uno prefiere el equilibrio físico, la belleza se transforma en el gusto por el cuidado personal, no creo se soporten unas uñas descuidadas, o signos de falta de higiene, o un olor que no se acomode a la situación. Uno utiliza el preámbulo coloquial, de temas que sean comunes, de muestras de involucramiento con la realidad a la que permanezcamos, el detalle de la superficialidad no se pierde, aun se nos permite en son de broma , uno necesita que quede de esencia la existencia de valores, metas y ya algunos logros.

El sexo cambia, no quiero decir que se vuelva tántrico o aburrido, pero tiene su evolución, uno disfruta más con los sentidos, ilumina los escenarios, se toma el tiempo para poder ver, para oler y para saborear, la penetración se hace con pasión pero con la rudeza exigida en complicidad, uno se permite entender las señales, las caricias que guían los gustos de cada quien, para girar, para elevar o descender una extremidad, para poder hacer notar que estamos disfrutando o que definitivamente es preciso reacomodar. Pueden permanecer esas locuras furtivas y veloces, pero se convierten en eso en “locuras” y no en nuestro frecuente actuar. Creo que es preciso analizarnos y ver como hemos ido cambiando, como nuestro atractivo ha evolucionado, y afirmar que nos gustamos más, que lo que hicimos antes nos causa risa, y no nos arrepentimos de la experiencia ganada, pero que ya no somos iguales, que hemos crecido.

Hoy adoro los espárragos, en mil formas, la crema es la más cotizada de todas, me recuerda la playa en mi infancia, uso gel, pero no peine, mi soledad es mi dominio, mi espacio, y en ocasiones la necesito, no me intriga saber qué hacen mis padres, ellos ya están grandes, pero estoy más que nunca pendiente de ellos, adoro Ricci Poveri , y estudié italiano para sacarme esa espina de poder cantar sus canciones sabiendo ahora qué es lo que dicen sus letras, adoro haber tenido una vida tan simple, y adoro notar que las cosas han evolucionado.

martes, 6 de octubre de 2009

¿y aHoRa qUé?


¿Y ahora qué?
XVIII

Jano no tenía ánimo para hablar con nadie, así sea un amigo, de esos cómplices, con los que ya contaba varios. Necesitaba soledad, no para pensar, sino para aislar la mente de ideas tontas. No estaba arrepentido de nada que haya hecho en la vida, le daba pena que las cosas en casa se hayan sucedido así. Él había planeado una vez concluida la universidad, regresar a la capital, ubicarse en alguna empresa ahí, solo reportarse esporádicamente a casa, ser feliz como lo era hasta ahora. No quería gritarle al viento que era gay, mucho menos delatarse en actitudes y ademanes, solo quería ser feliz, a su modo, sin faltarle a nadie, sin incomodar a nadie, pero las cosas se destaparon cuando no debía suceder así.

Caminó con su mochila al hombro. En la ruta encontró un hotel de poca monta, solicitó una habitación e intentó dormir, pero se pasó la noche en vela. Al día siguiente acudió a su jefe y renunció al trabajo, luego pasó por el banco y retiró sus ahorros. Se dirigió al terminal de buses y compró un boleto a Lima, se sentó a esperar que sea la hora, hablaba lo mínimo, inclusive consigo mismo. Subió al bus, y soportó las 7 horas de ruta sin siquiera lamentarse por la incomodidad.

En Lima, acudió a la casa de un amigo del colegio, de aquellos años en los que estudió en esa aturdidora ciudad. A Jano le impresionaba este chico por su apariencia despreocupada, su afición por el fútbol y su cercanía a él. Se habían escrito por varios años, contado cómo estaban, incluso Jano se confesó gay, y bastó una llamada para que Mauricio aceptara refugiarlo mientras Jano se ubicaba. Mauricio vivía solo en un cuarto de una zona residencial, no tenía muchas monedas en el bolsillo, pero el resto no tenía que saberlo. Siempre se codeó con lo mejor y frecuentaba lo exclusivo, tenía muchos amigos y se ofreció a apoyar a Jano en su incursión. Mauricio es psicólogo y gran amigo mío además. Él se limitó a acomodar a Jano. No preguntó nada, solo le cedió un sofá, le indicó el baño y sus detalles, le manifestó algunas manías, como la de andar desnudo, ante lo cual le pidió que no se incomode. Le mostró su biblioteca y se la ofreció para los momentos de ocio. Le ofreció además ir con él el lunes en búsqueda de un par de amigos del rubro de las construcción que le debían algún favor , y que gustosos ubicarían a nuestro amigo arquitecto en alguno de sus trabajos.

El domingo pasó con pocas palabras intercambiadas. Durante la noche, Mauricio regresó de misa con una botella de vino, sacó dos vasos del aparador y le ofreció uno muy lleno a Jano. Bebieron, sin hablar, hasta que la botella quedó vacía. Mauricio se recostó un poco sazonado por el tinto, y Jano se acercó a él tímidamente, lo miró fijamente, lo abrazó, y lloró; lloró hasta quedarse dormido, hasta que sus suspiros dejaron de causarle sobresaltos, hasta que el sol del lunes los encontró a ambos, vestidos con la ropa del día previo, abrazados, reconfortando el uno al otro, protegiendo u ofreciendo protección, estando ahí, alejándolo de la soledad, siendo lo que Jano necesitaba, un amigo.

El uso del baño generó contratiempos, era algo que no se había coordinado. Pese a los tropiezos, estuvieron listos antes de las nueve, salieron a caminar por una de las zonas más lindas de Lima, entraron a una tienda de muebles, y ahí Mauricio presentó a Jano con Rodolfo, uno de sus ex pacientes, joven y adinerado diseñador de interiores. Las miradas entre ambos fueron fuertes desde el primer momento. Así, Jano ya tenía trabajo: empezaría por vender muebles de diseño, pero rápidamente, terminaría firmando varios de esos muebles. Hoy es socio, y la tienda ya no es única en esa ciudad ni en Perú.

lunes, 5 de octubre de 2009

Salud!

Saludo a los colegas... acá 5 de octubre.. día de la medicina..
pásenla reflexivamente bien !
CarlosD

viernes, 2 de octubre de 2009

Di Que Me Quieres

MIRAME A LOS OJOS Y MIENTEME, DI QUE ME QUIERES..

Alguna vez le has dicho a alguien que lo quieres? Asumo que sí, afortunadamente en nuestro idioma existe distancia entre el querer y el amar, a lo segundo le tenemos un miedo atroz, y decirlo se guarda para la plenitud del vínculo, para el momento sublime o para el momento en que se necesita salir de algún apuro, pero decir te quiero, suele ser mas cotidiano, aunque tiene un impacto total, cuando no usas esas dos palabras, condenas las cosas a extinguirse, le marcas un tiempo de término, así que hay que usarlas.
Existen dos problemas al respecto, el primero radica en el hecho de que la persona que recibe el mensaje, se crea realmente lo que le estás diciendo, es probable que las cosas cambien, para bien o para mal, escuchar frases cálidas, que involucran los aspectos más siseros del alma de la gente, como es el querer, muchas veces asusta, y hasta espanta, por otro lado puede tener el efecto totalmente contrario, quizás el efecto que uno buscaba al soltar la frase, el unir mas, el reafirmar la relación, el abrirle paso al amor, es emocionante, el arrancar una sonrisa, el conseguir que el receptor se sonroje, el dejarlo sin palabras, delatarlo y hacer que confiese un sentimiento similar que realmente traía guardado en el alma, pero que no se atrevía a decir, por que dudaba de su contraparte, y en cada etapa es diferente, en la adolescencia asociado al temor y a la ilusión, en la madurez vinculado a la verdad y a la seguridad de lo que se dice, y en la vejez, creo que se asocia a la historia de lo vivido y a la expectativa de lo que vendrá o pasara mas allá de la vida.
El segundo problema, nace del hecho de que la persona que dice te quiero, crea realmente lo que está diciendo, y lo haga vinculado plenamente con esa otra persona que recibe el mensaje, querer creyéndotelo, te arranca sonrisas así estés triste, solo con evocar, te hace suspirar al oír esa canción, te hace latir aceleradamente al escuchar esa voz, te hace hablar horas y horas, habiendo ya agotado el tema al primer minuto, te hace ser parte de la felicidad de todos, y más aun te hace feliz a ti, creo que de manera irrefutable, que vale la pena decir Te Quiero, cuando te lo crees realmente, así he intentado que sea.. y así ha sido en la medida de que pasado la vida, la mía obviamente, sé que muchas veces la contraparte no se la creyó, pero definitivamente eso no me impidió pasarla bien creyendo que quería.

Hoy me toco un toque de optimismo, espero convencerme…

lunes, 28 de septiembre de 2009

CaRa A CaRa


Cara a Cara
XVII


EL padre de Jano miraba fijamente la pared blanca que tenía enfrente, había bebido una copa de vino, la cual había sido suficiente para trastornarlo, tenía la mente embriagada, mil ideas se cruzaban delante de él. Se había imaginado a su hijo de mil maneras, muchas de ellas incluían amigos impresentables, atuendos coloridos, flores y maquillaje, además de mil disfuerzos. Se había visto con sus amigos hablando de sus hijos, callando por vergüenza, había perdido la ilusión de acompañar y aconsejar a su hijo el día de su boda, de celebrar a sus nietos (y eso que Jano tenía un hermano menor , en fin.. esas horas fueron interminables y en ellas toda la vida próxima pasó por su mente.
La madre de Jano se alejó de la sala, se encerró en su habitación, encendió el televisor y se distrajo con sus ideas, ella sabía todo, pero pensó que no ocurría mas, nunca se lo comentó a su esposo, pero sabía que así había sido mejor, amaba a Jano pero lo odiaba por hacerla sentir así, por hacerle creer que su futuro seria incierto, triste y solitario, lleno de vergüenzas y sufrimientos, ella sufría por lo que le esperaba a su hijo, ella no podía entender, que Jano podría y hasta cierto punto… ya era feliz.
Jano caminó a casa, estaba extasiado, calmo, respiraba profundo con el ansia de poder aspirar el mundo en cada inspiración, sus ojos brillaban, había tenido el mejor sexo del mundo, recién había disfrutado de él plenamente, tenía el rostro de su casual amigo dibujado en su mente, lo contemplaba disfrutando, lo oía gemir y lo sentía sudar, se sintió hombre, habiendo hecho feliz a un hombre.
Al llegar a casa, pudo percatarse que pese a la hora, la luz de la sala se hallaba encendida y en silencio, y que del cuarto de mamá, el televisor sonaba encendido a un volumen algo exagerado, se preguntó para sí mismo que ocurría, y en ese pensamiento su mirada encontró a la de su padre, quien al verlo ingresar se había puesto de pie, y servido una copa mas de vino.
Solo quiero que me digas una cosa, le dijo, dime papá que sucede, quiero saber si eres un cabro de mierda?, o no?, Jano se puso pálido, no pudo sostener la mirada de su padre, su madre salió apresurada, y vio la escena, Jano quería llorar, no porque había sido descubierto, o porque se avergonzaba de su situación, lo indignaba la forma en que su padre había abordado el tema, él entendía que debía estar enojado por no haber confiado su historia años atrás, pero Jano sabía que era su vida, y que aparte de él, a nadie debía importarle con quien comparte esas emociones, él había cumplido con sus padres, era un buen hijo, respetuoso de la casa, estudioso y trabajador, y jamás había puesto en tela de juicio la honorabilidad de su familia, atinó a morderse los labios , ya no era un niño, era un hombre, y como tal, capaz de asumir su rol. Papá yo te respeto mucho, y no creo que la formas en la que me planteas las cosas sea la más adecuada, su voz temblaba, miraba a su madre, ella no atinaba a nada, mira huevón, esta es mi casa y yo hablo como me da la gana, así que contesta de una vez, increpó papá, una lágrima se deslizó por los ojos de Jano, esa tarde el se había sentido tan hombre como gay , había disfrutado de su sexualidad, y estaba convencido de que su vida era en ese rol, soy homosexual papá, no un cabro de mierda, como dices tú, y aun si lo fuera, ese no es tu problema, su padre se acercó precipitadamente y lo abofeteó con toda la fuerza que el vino arrancó de él esa noche, Jano giró el rostro, sus ojos rojos rebalsaban en lágrimas, sollozó para sí mismo, quiso mostrarse digno, se quedó en silencio, quería decir mil cosas, explicar que él no mandaba en lo que sentía, que tampoco estaba de acuerdo con lo que dios dispuso , pero que lo aceptaba y se sentía bien, que la vida no es desgraciada para alguien como él, que no quería perderlos, ni dejar de verlos a diario, que no quería que se avergüencen de él, que los amaba ,más que nunca, que quería que lo acepten… pero quedó en silencio . Te largas de la casa dijo su padre y salió de la sala, Jano permaneció en silencio, contemplaba la silla en la que había estado sentado su padre, su madre se acercó torpemente , aún inútil, él la tomo de la mano y le dijo : no te preocupes mamá, yo estaré bien, caminó como un condenado, sacó una mochila y metió rápidamente su ropa y otras cosas , espero que tú no pienses como él, le dijo a su madre mientras salía de su habitación, dejó las llaves sobre la mesa, y salió de la casa. Su madre escuchó el portazo y lloró con un dolor que venía del alma, no por ella, ni por lo que sentía, sino por la idea mental, de lo que sentía Jano en ese momento, Jano su hijo mayor, al que ella amaba incondicionalmente
.

domingo, 27 de septiembre de 2009

El odia los Domigos y yo También


Odia Los domingos


Marco tiene 37 años, vive solo en una ciudad pequeña, y en la conversación de anoche me comentó que odia los domingos, él pensó que eso estaba cambiando, que este domingo macaría la diferencia, pero se dio cuenta de que despertó en su tristeza de siempre y más.
Es abogado, y trabaja en un estudio de renombre, creo que es el más grande de esa ciudad, posee una habilidad increíble para manejar el lenguaje, ya sea para bien o para cosas no tan buenas, depende del lado para el que se encuentre trabajando, esa facilidad la tiene también para poder hacer nuevos amigos o para ser extrañado por el grupo de siempre cada vez que se ausenta de sus frecuentes reuniones.
Luce, bien, es delgado, gracias al gimnasio, usa el pelo muy corto para que no se noten sus canas, las cuales ha decidido jamás pintar, suele dejarse, ocasionalmente, la barba, y le queda bien el mentón azulado por el brote del pelo facial, es una asociación de vanidad y de flojera, ya que detesta rasurarse a diario. Luce saco y corbata diariamente y tiene un peculiar estilo de combinar ambos, lo hace bien, usualmente atrae la mirada de muchas y de algunos también, usa fragancias de madera o hierbas en invierno y de flores o frutas durante el verano, el pelo se lo corta el mejor estilista de la ciudad y en esos espacios de ocio aprovecha siempre para hacerse las uñas mientras chequea algún programa farandulezco en el plasma del spa al que acude. Su baño es su ambiente preferido en casa, ahí lee, y ahí cultiva la mayor colección de cremas y demás artilugios para detener el paso del tiempo, solo que rara vez recuerda utilizarlas. Su agenda está siempre copada, excepto los domingos, día que odia.
Me comentaba que empezó a detestar el domingo desde que se fue de casa de sus padres, eso hace ya 20 años, vivió solo la etapa universitaria y en una ciudad que no era la suya, grande y complicada, el domingo, el día más familiar de todos, se la pasaba estudiando, ya que no tenía otra cosa que hacer, cuando concluyó la universidad retornó a su ciudad pero ya no a casa de sus padres, alquiló un pequeño departamento, y vivió solo desde entonces, la casa familiar, era solo para visitar, y sigue siéndolo hasta ahora de esa forma.
Hace 8 años conoció a alguien de quien reconoce haberse enamorado, Mauro, un amigo que frecuentaba el mismo club que él, menor 5 años , atlético y bohemio, muy pronto vivieron juntos y esa etapa fue perfecta, se olvidó que el domingo era triste, ambos tenían rutinas totalmente diferentes, pero despertaban en la misma cama cada domingo viéndose al rostro y sabiendo que ese día se lo dedicarían el uno al otro sin reparos por las responsabilidades de cada uno de ellos, Mauro hacia el café perfecto, tocaba la guitarra y tenía una dulce voz, le compuso mil tonadas y letras a Marco, él lo quiso mucho y aun conserva intacta esa imagen de antaño, en que la semana tenía 7 días perfectos.
Pero si la vida fuese perfecta no sería vida, Hoy ,Mauro no acompaña mas esos domingos, Marco los odia nuevamente, viajó por trabajo y se instaló en otra ciudad, no hubo la suficiente valentía por ninguno, para enfrentar o asumir que su relación era mucho más de lo que ellos creían que era en aquel momento. Se visitan, se escriben, se extrañan, pero la distancia que los separa no es solo geográfica, el tiempo ha hecho lo suyo también.
La rutina de mi amigo lo absorbe al 100%, el día inicia temprano, ejercicios, de ahí a casa, desayuno informal, traje y corbata, oficina, previo tráfico atroz y con lo que a él le agrada conducir… prefiere mil veces tomar un taxi. La oficina suele ser un dominio temporal, ya que sale varias veces en diligencia o a entrevistas, almuerza con algún amigo o en casa de sus padres, o simplemente, posterga el almuerzo para la hacerlo uno con la cena, la tarde suele ser igual de agitada, y retorna a casa después de haber tomado un café con alguien y cansado, tira todo, se da una ducha cálida y duerme hasta iniciar el mismo trajín al día siguiente, excepto el domingo, día que odia. Los viernes suelen ser algo sociales, algunas bebidas en la noche, y transgresión a los cánones, el sábado se despierta tarde, desayuna y almuerza algo fresco, siempre en compañía de los cómplices del día anterior, por la tarde visita a la familia y suele dormir temprano, cuando no repite la hazaña de la noche del viernes.
El día odiado se inicia temprano, y sin gimnasio, reniega y se levanta a las 9 tras haber tonteado algo con el control remoto, llama a su madre y coordina con ella el almuerzo, mete algo de ropa a la lavadora para no sentirse ocioso, aunque sabe que el lunes la señora que lo asiste en casa se encarga de esos detalles, no se afeita ese día, sale a casa de sus padres a quienes lleva a comer lo que prefieran ese día, a esa faena se suman sus hermanos, jamás circula alcohol el domingo, todos arrancan el lunes temprano así que beber sería un pecado, el retorno a casa es a las 2 de la tarde, Marco se pone su pijama, y se tira en cama a jugar con el control remoto, enciende la PC y la pone sobre la cama, coge un libro y lo ojea.. Empieza a odiar el domingo y lo peor es que esa tarde suele ser interminable.
El adora sus espacios y sus dominios, pero ya disfrutó de la contraparte , y extraña esa etapa, no es justo que la pase así, al menos yo lo creo así, lo que creo es que él no supo valorar esos detalles cuando fue su oportunidad, 37 no son muchos años, alguien seguramente piensa en él, o se cruzará en su camino, y será quien le ponga color a ese día que debe ser festivo, ser gay no es condenarse a la soledad en la madurez o tras ella, es simplemente una forma más de amar, y que requiere de alguien para ser depositario de ese afecto, alguien que despierte contigo en la mañana del domingo y que te mire a los ojos, y que sepa que ese día , así como el resto de los días, es para él, y que eso lo hace potencialmente , un día perfecto.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Un Relajo En eL SaUnA




Relajo Previo
XVI



Jano estaba en el Sauna, desde que practicaba en una constructora de renombre, manejaba su propia economía, y podía darse gustos que antes no, vestía con ropa de marca, frecuentaba mejores lugares, su círculo de amistades se hizo muy exclusivo, sus accesorios eran envidiados (el reloj, la correa, una pulsera de oro que no se quitaba ni en la piscina, en fin), el se sentía muy cómodo y feliz, con esa acomodada vida, no por eso descuidó su entorno familiar, invitaba a sus padres a comer, y sus obsequios fueron más que generosos para mamá y para papá también, a veces hasta sin mediar algún pretexto para darlos.
Este Sauna que había conocido semanas atrás gracias al dato de un amigo gay, se ubicaba en una zona residencial, era una casa grande y muy bonita, de jardines con árboles al ingreso, tenía una amplia cochera, y los autos ingresaban a ella tras solicitarlo por un intercomunicador, los días viernes, como éste, era exclusivo para “ellos”, y se anunciaba con un ligero morbo, era una tarde para gays obviamente, aquellos que podían acceder a las sus tarifas y condiciones. Obviamente Jano era uno de ellos, acudió con un amigo, compañero de trabajo, gay también, un par de años mayor que Jano, poco agraciado físicamente, pero con una billetera generosamente reforzada. Parquearon cerca al ingreso, y ambos pasaron a los vestidores, Jano lucía solo una corta toalla alrededor de la cintura, la cual ajustaba con una tira, su amigo, mas recatado, usaba un traje de baño largo, Jano convocó muchas miradas al deambular por los pasillos del sauna y tras un par de minutos en el cuarto de vapor, se alejó de su amigo e inspeccionó las instalaciones, en clara búsqueda de algún cómplice.
En un cuarto de calor, se encontraba un Miguel, Jano nunca supo si ese era su nombre, la gente suele usar varios y distintos nombres cuando se trata de un encuentro así casual y fugaz. Miguel bordeaba los 18 años, era alto, aunque no tanto como Jano, tenía la piel bronceada, y el cabello marrón, algo ensortijado, su piel era escasa de vello, pero sus formas lo hacían lucir muy sensual, sus pies eran perfectos, y eso llamó la atención de Jano, tanto como sus labios, que se veían inflamados y rojizos en ese cálido ambiente privado. Miguel miró con descaro a Jano, se sentaron uno frente al otro, Jano envió una obvia señal, miró fijamente a Miguel y abrió sutilmente sus piernas, se mostró desnudo, y relajado, Miguel bajó sus ojos y se detuvo en su entrepierna, afirmó sutilmente y se mudo a su lado. Delicadamente acarició su pene, Jano empezó a entusiasmarse, y eso se notaba en su virilidad, Miguel se puso de pié y le dijo, hola, me llamo miguel, pero ya tengo que irme, recién son las 8 (de la noche) increpó Jano, si gustas me acompañas, le dijo Miguel, ambos salieron rápidamente, se vistieron casi en un chistar y se subieron al auto de miguel, la ruta duró pocos minutos, el auto se detuvo en una puerta levadiza y tras un claxon, ésta se apertura para dejarlos ingresar a un motel con cómodos y privados ambientes para el amor furtivo. Nadie pidió identificaciones ni miró quien ingresaba, tras una ventanilla recibieron un par de billetes y simplemente deslizaron la llave del cuarto 12.
La habitación era amplia, con escasos muebles, pero los necesarios, una cama amplia, un jacuzzi en la esquina, algunos espejos, y varias lámparas, como para jugar con la iluminación, ambos entraron , Jano contempló a Miguel , era como un trofeo de combate, delgado, muy joven, atractivo, de formas perfectas, de genitales pequeños pero no insignificantes, de espalda ancha, y sensual, de nalgas redondas, Miguel , pese a su edad, no era ningún inexperto, se mostró con cuidado, pausadamente, sabía que rincones de su cuerpo podían encender más a su acompañante, y los lució con esmero, caminó hacia Jano y lo desvistió delicadamente, se preocupó hasta de dejarlo sin medias, la luz en la habitación era plena, se aprovechaban al máximo todos los sentidos, Miguel bajó e hizo de su boca un refugio cálido y movedizo para la verga de Jano, la cual no titubeó en hacerse plena, y responder a las caricias. La faena en esos dominios fue extensa, Jano estuvo a punto de culminar hasta en dos ocasiones, pero Miguel manejaba bien la situación y frenaba en el preciso momento, luego se recostaron sobre la cama, la lengua de Jano jugueteó con la de Miguel y luego exploró sus rincones, tras las orejas, descendió por el cuello hasta el pecho, hizo una escala en sus ingles, rozó su pene pequeño pero erecto, de vello escaso, de cómplices testículos elevados por la emoción, lo giró delicadamente y observó sus nalgas, las mordió ligeramente, las separó una de la otra y miró esa ruta, ligeramente humedecida por el calor provocado, internó su lengua y la hizo flamear de arriba hacia abajo y contrariamente, Miguel, gemía no sutilmente, Jano se emocionaba más.
Tras los juegos de ley, Jano susurro a los oídos de Miguel que se hallaba listo, había calzado un preservativo en su pene, Miguel lo humedeció con su saliva y permitió que Jano ingresase delicadamente, toqueteaba el ingreso suave y reiteradamente, cuando este parecía abrirse, él se retiraba, cuando este le exigía el ingreso, permanecía presionando y volvía a huir, Miguel deliraba, cuando en una de esas el juego proseguía, Miguel retrocedió y permitió que ingresase todo, gimió de placer y empezó a moverse en un vaivén rítmico y acompasado, un vals, que solo conoció ese paso durante esa hora, no hubo acomodo de otro tipo, fue exclusivamente el decúbito y él sobre éste, quizás algún requiebre levantando las caderas, pero la faena culminó en esa pose en la que se inició, y fue perfecto, Jano no era inexperto tampoco, él había notado ya en ese jugueteo, un fuerte suspiro de Miguel, acompañado por el relajamiento de esa mortaja que había estado sujetando su pene tras el movimiento, Miguel se tendió relajado , Jano supo que su cómplice estaba en la cima, así que se apresuró en acompañarlo, agitó el ritmo y tras el oleaje, apretó fuertemente las manos de miguel, para dejar salir de su interior ese cálido fluido que da fe plena del orgasmo masculino, por mas gay que haya sido el estímulo, el hombre se muestra tal, cuando derrama de sí su virilidad.
Se retiró delicadamente de la espalda que lo recibía, Miguel giró y mostraba fluidos similares sobre las sábanas y sobre su piel, sonreía extrañamente, se acercó a Jano y lo besó fugazmente, me tengo que ir le dijo.
Jano permaneció en la habitación, fumó, escuchó música, vio el reloj y marcaba las 11, aún temprano para retornar a casa un viernes. Reaccionó y se percató de que no había obtenido ni el teléfono ni el correo de Miguel, se lamentó por un momento, pero luego se convenció de que el destino tenía que juntarlos nuevamente, y así sería. Jano se dio cuenta de que jamás antes, había disfrutado de lo carnal de una relación tanto como lo había hecho esa noche. Sonrió para sí mismo y se sintió casi feliz.