miércoles, 28 de diciembre de 2011

Osos y Rarezas!!

Osos y rarezas.
Javier es delgado, muy delgado, alto y de mirada triste,  está iniciando sus treintas, vive con Mauro, su novio, trabaja en una editorial, es responsable del arte. Conoció a Mauro, en una red social en la que se hacían pedidos extraños, el pedido de Javier, fue el querer encontrar un hombre de su edad, subido de peso y  recubierto de pelo.
Mauro está de viaje, trabaja como visitador médico de una línea pediátrica,  cuando contactó con Javier, supo que eso sería serio, él quería a alguien diferente, “extraño” puso en su solicitud, Y Javier ciertamente que lo era.
El primer encuentro fue sexual, ambos cambiaron teléfonos, se oyeron,  se agradaron, rieron mucho en esa primera llamada y abiertamente quedaron en encontrarse para tener sexo, claro,  si pasaban la premisa esa de la química, cosa que se dio de inmediato. La cita fue en una placita  cerca a muchos hotelitos de hora y media,  y tras un apretón de manos insinuoso, caminaron juntos a uno de esos albergues,  se registraron sin vergüenza y subieron a un cuarto lleno de espejos, sábanas rojas, y cerámico negro en el baño.
Javier se tendió en la cama con ropa, y le pidió a Mauro que se desvistiese lentamente, Mauro quiso besarlo y Javier rehuyó con delicadeza, Mauro lo tomó tranquilamente, ya verás se dijo, y se quitó las botas, tenía calcetines negros muy finos, luego desabotonó su camisa a cuadros quedando en jean, su abdomen dominaba el panorama, era alto, como de 1,80, usaba el pelo al ras con  patillas y barba , sus cejas gruesas enmarcaban unos ojos enormes y negros, la nariz recta y los labios finos, era guapo, el cuello corto y el pecho ancho, los pectorales recubiertos de grasa mamilar tensa, y sobe ésta una cubierta de vellos negros que se extendía hasta la espalda y sobre los hombros, su abdomen prominente, esférico, se proyectaba por sobre el pantalón, Javier lo miraba excitado.
Mauro desabotonó la enorme hebilla de su correa de vaquero  y la dejó caer junto con el pantalón,  un bóxer ancho de a cuadros, corto, cubría un pene erecto proyectado sobre éste. Luego retiró el bóxer, dejándose ver desnudo, solo con esas medias negras finas, era hermoso para Javier, sus nalgas enormes pero duras, sus piernas torneadas pero de un calibre exagerado, todo sazonado por esa pilosidad ensortijada que cubría cada rincón, cada pliegue, cual maleza en un campo abandonado y humedecido,  su pene se proyectaba erguido, era grueso en su base, pero afilado a la punta, el prepucio había sido retirado, y el glande se mostraba rojizo, brilloso,  desafiante, Mauro se tendió sobre la cama, y fue ahora Javier quien lo llenó de besos.
Hicieron el amor enloquecidamente, la gordura nunca fue sinónimo de torpeza, Javier no se desvistió, no mostró sus formas lánguidas y afiladas, solo desabotonó su pantalón y lo bajó sutilmente para que  su amante lo penetrara agitadamente, antes de que éste concluya, escapó sutilmente para girar a su oso y enfrentarse a sus nalgas con un pene enorme, muy largo como él mismo, de glande ensanchado, fuerte y recubierto de piel canela, lo penetró sin vacilación, ni la frondosidad pilosa del ingreso impidió la batalla que lidió ese guerrero ansioso;  la fricción fue violenta y el fin humedeció la espalda hirsuta de un Mauro extasiado.
Se reía para sí mismo, pero con energía, Javier preguntó qué pasaba, y Mauro solo atinó a decir, que le resultaba todo lo extraño con lo que él había soñado siempre. Son novios hace más de  un año, viven juntos, Javier se muestra desnudo cada vez que lo doméstico se lo permite, pero cuando hacen el amor, siempre le pide un tiempo a Mauro, para ponerse la ropa y corre a buscar en el cajón de la cómoda, un par de medias negras finas, que calza tiernamente en su novio, el oso.
Esta tarde lo espera ansioso, aun no se imagina como sorprenderá a Mauro, pero está seguro que lo hará, seguramente de lo que me sorprendí yo con este relato, que en esencia es la historia de un Mauro y su Javier, a quienes considero amigos virtuales desde hace más de un año, y con los que he coincido en esas redes de pedidos extraños, en la que alguna vez linkié este blog. Mi saludo para ellos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Navidad, Sonrisas Nostálgicas

Navidad, Sonrisas nostálgicas
Es perfecto ser feliz por aquello que tenemos hoy, por quienes nos quieren y a quienes queremos, por todos aquellos a  quienes abrazaremos con un poco mas de fuerza que de costumbre, este 25, y por aquellos que pese a la distancia, encontrarán la forma de estar con nosotros esa noche. Pero también sonreiremos por aquellos que ya no están cerca,  por quienes partieron dejando su marca en nuestro corazón, imprimiendo esta sonrisa velada por un cristalino mar que inunda nuestros ojos,  vale la pena que esa sonrisa sea liberada así de sincera, que la conciencia no inhiba al corazón y nos permitan reír nostálgicamente por haber gozado de la dicha de haberlos conocido, yo reiré por varios, este año ha sido de partidas inesperadas, pero celebro tenerlos presente, reiré por Freddy, por José Luis y por Alfredo, escucharán mis latidos emocionados cuando este 25 mi navidad sea compartida con ellos.
Espero que las sonrisas nostálgicas sean un sentir común, es genial tener por quienes reír así,  nos hacen abrazar más fuerte a quienes aun nos acompañan, a reconocer su amor por nosotros y a brindarles sinceramente el nuestro, a tener razones para ser mejores personas, y a contagiar eso a todos los que nos rodean.
Un abrazo enorme a quienes aun leen este blog, una navidad familiar, cálida y reflexiva, y un año de mil éxitos que contagien y nos permitan la risa cotidiana que buscamos en la vida, la risa del ser felices.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Quejas y más quejas...

Quejas y más quejas
A lo largo del tiempo he leído varios de los correos que suelen enviar aquellos amigos que se han vinculado gracias al blog, muchos han sido de enorme utilidad como argumento franco, otros han sido de gran inspiración personal, algunos solo manifestaban desánimo y reclamos francos a lo que les tocaba vivir en determinado momento, eran quejas… hoy recapitulando .. Me he animado a soltarlas acá,  morbosamente o cómicamente, júzguenlas ustedes.
Carlos 19 años
“Odio que no me diga que me quiere, que me ama, solo me dice que quiere tirar conmigo, que lo arrecho, que le gustaría hacerme tal o cual cosa… no se qué pensar.. bueno, pese a eso estamos juntos ya más de un año.. y realmente.. lo quiero”
José Luis 35
“Van ya años, y aun no aprende a llamarme por mi nombre, me jode eso de amorcito, flaquito, bebe, a veces creo que se ha acostumbrado a usar esas denominaciones para evitar confundirse de nombre… “
Francisco 22
“No sé que tiene, le encanta que lo bese todo, que baje, que hurgue, que mi lengua se inserte en cada pliegue, y se agite intermitentemente tras él,  retoza cuando lo beso  ahí, sé que le gusta, no  hay activo que se resista a un beso negro, solo que acabada la maniobra, odia que lo bese… me jode.. Estamos a mil y son sus propios aromas… (Que por cierto nunca son desagradables, ya que no lo haría de ser así), me revienta que no acepte juntar sus labios a los mios..así que me planto y lo cuelgo.. Pero las ganas me vencen.. y termino cediendo y dejándome hacer el amor…”
Marco 32
“ Es demasiado tierno, muy cariñoso, odio eso cuando se trata de la cama, quiero que me pida cosas, pídeme que te  penetre, que te muerda, que te folle una y otra vez, coméntame qué te gusta, que otra  pose quieres, pídeme que  se repita así me veas a mi moribundo.. Dime que me deseas, y más aun que deseas que te haga el amor una y otra  vez… “
José 17
“Cuando huele a alcohol a cigarro a sudor, no lo aguanto, y siempre que me llama es así… parece que solo le sirvo de refugio sexual cuando toma valor por influencia de mil chelas, odio eso, ya no volverá a pasar..”
Miguel 30
“Aun no aprende,  que le cuesta usar colores más claros, a ponerse crema de manos, a afeitarse con mayor cuidado, a cambiar de aroma por uno más suave, a renovar sus gafas y a dejar de mascar chicle con la boca abierta, se me acaba la paciencia… un día de estos.. “
Gustavo 19
“ Una vez a la semana es muy poco, se lo pido y me pone mil pretextos, yo necesito que me tome en sus brazos y me haga mil cosas… todos los días, a cada nada, a caso no puede, no está viejo, o acaso tiene algo mas por ahí.. No creo.. Pero bueno.. Si no es con él, será con otro, total son necesidades ps..”
JuanJo 24
“Creo que me quiere mucho y “odio eso”, no es una competencia, no tiene que estar ahí diciéndome a cada nada lo que siente, lo que haría por mí, lo mucho que me quiere… yo lo quiero también, pero.. no sé si así tanto como él a mi..”

domingo, 11 de diciembre de 2011

Dos de a 15

Dos de a 15
De camino por una de esas pequeñas callecitas miraflorinas, buscando un lugar tranquilo donde comer y leer un poco, me detuve frente a un restaurante de comida italiana por el mero detalle de haber observado en una de sus mesas exteriores a dos jóvenes mirándose fijamente mientras comían  pasta.  Su sonrisa me  llamó la atención, ya que sin palabras de por medio, era robada por tan solo la compañía de él uno con él otro.
Entré y me ubiqué en una mesa interior con plena vista a los exteriores, a ellos exactamente, había dos vasos con coca cola, algo de pan al ajo, y un plato de lasagna y otro de canelones, ambos compartidos. En una silla de esa mesa había unos cuadernos amontonados y  una mochila. Tendrían 15 años, a ojo de médico, y lucían de esa edad. Ambos excesivamente delgados,  uno de ellos muy alto como de 1,80 un poco encorvado denotando que la musculatura de su espalda aun no ha sido reforzada para poder erguir su cuerpo y exponerlo  imponente por su talla y atractivo,  sus cabellos lacios sobre el rostro, las cejas gruesas y las pestañas largas y pobladas, sus manos blancas de dedos largos, hablaban al ritmo de su voz, expresando todo lo que las palabras querían decir durante la conversación.
El otro miraba atento, más bajo y corpulento, de pelos rubios y ensortijados, desordenados por el viento, pero así lucían perfectos, de facciones finas y gestos delicados, escuchaba atento, con las manos sobre sus muslos, como tratando de disimular alguna íntima emoción despertada por la charla, reían contagiosamente.
Me dediqué a observar, parecían contarse la vida, decían poco y arrancaban en risas, miraban de reojo para poder tocarse bajo la mesa, las manos de uno apretaban el pie del otro que mantenía la pierna cruzada, el afecto los sorprendió  en una mesa sin mantel, nadie miraba, solo yo.
Tras dejar la mesa vacía, ambos metieron sus manos al bolsillo, escarbaron  por monedas, contaron una y otra, hicieron el total calculado, llamaron a la niña que los atendía, pagaron, antes de ponerse de pie, el travieso acaricio el pie del otro, y exploró hasta media pierna, el otro se sonrojó y se incorporó rápidamente reprochándolo con la mirada, el otro solo reía y se ponía de pie al mismo tiempo, uno cogió los cuadernos y la mochila y el otro lo abrazó sobre los hombros mientras salían contentos de su cita sabatina, la cena, la bebida, la buena conversa y la compañía  deseada.
A sus quince,  eran ellos, en una lima que ha dejado de ser quejumbrosa, que se permite morbosamente estos deslices, que ya no son deslices sino vida, que ha crecido como lo ha hecho su gente, que no se reclama más que calma, y que proyecta paz para quienes antes hubieran sido castrados emocionalmente, por solamente ser ellos mismos compartiendo con otros iguales a ellos y distintos al resto.

martes, 29 de noviembre de 2011

Diciembre nostálgico

Diciembre nostálgico
A puertas de este mes de cierre, las cosas se aceleran en cada espacio en el que nos desenvolvamos, el trabajo espera la planificación del año que viene, las cuentas deben balancearse y cerrarse, el guardarropa debe cambiar de atuendos en base a la nueva estación, se deben enviar mil cartas y tarjetas, el facebook se atolondra,  y el tiempo nunca parece ser  suficiente y  llegar a casa, botar el saco, desanudar la corbata y entregarse a la cama, parecen la fuga habitual y necesaria cada vez que el sol se oculta y con él las ocupaciones formales del día.
Hoy pretendí que las cosas cumplan con esa línea, los lunes se extreman, pero me fue imposible, tenía otras responsabilidades, conmigo, con mi renovación del próximo año, o entierro del que se acaba, me había propuesto desenterrar algunos recuerdos para lucirlos y de esa forma franca, dejarlos de lado. La navidad tenía un espacio intocado en la despensa de casa, el árbol sus adornos y las luces, fueron siempre responsabilidad ajena,  pero yo disfrutaba mucho del trabajo que él lograba al cambiarle la cara a nuestra casa para fiestas, pero, por ausencias propias de los finales, hace mas de 4 años que mi hogar ese lucia el rostro festivo ya sea por  una flojera extrema o por evitar las nostalgia de esos momentos, la consigna este año, era el desentierro y el reinicio y así tenía que ser hoy y así fue.
No fue un trabajo tedioso, ni mucho menos triste, además, no fue solo mío. Fuimos de compras, creamos el espacio, desarmamos la despensa y armamos la navidad, sonreímos mucho, mientras la cocina olía  a café pasado y el perro tonteaba con su juguete de siempre, necesitaba esa complicidad, esa inyección de optimismo que últimamente hace que el cierre de mi año  proyecte uno nuevo con más energía y entusiasmo.
Hoy no me salieron líneas rosas, mi humanidad predominó sobre el fin de este blog, pero creo que los matices son sanos, por tal, vayan estas letras, para contagiarlos de ese entusiasmo por retomarse, por desenterrar el pasado para que les recuerde que fue lindo, como lindo es el presente, como más lindo se proyecta el futuro, para incidir en que sobre sus deseos y preferencias, ustedes mandan, y sobre eso, no hay pasiones que dominen vuestro entender.
Preparemos pues la fiesta de navidad y el fin de año, como el cierre de lo que fue (lindo) y el inicio de lo que será mejor (perfecto).
En esa ruta andamos.

viernes, 18 de noviembre de 2011

De esos Reencuentros


De esos reencuentros
Por más grandes que sean las ciudades, siempre hay lugares en los que todos coinciden. Juan llegó a una reunión de trabajo  y en una de esa vueltas al acecho de nuevas publicaciones, se cruzó con Beto,  era él, estaba seguro, no había vuelto a verlo desde hacía más de 15 años, pero el tiempo no podía borrar ese rostro que está marcado más allá que en la sola memoria.
Cuando se conocieron, Beto acababa el colegio y Juan la Universidad, todo empezó como algo casual, pero se hizo una relación estable, con todas esas cosas que uno espera encontrar en el otro,  duro como dos años, cuando cambiaron al padre de Beto de ciudad (vida de militar), y con él migró la familia, mantuvieron el contacto por breve tiempo, pero se perdieron el rastro. Al paso de más 15 años, hoy coinciden, y Juan no sabe cómo actuar.
Su primera idea fue escapar, se sentía extraño, ya no contaba con la belleza de aquellos veinte cinco años, hoy pasaba los 40, mientras que Beto, con 33 más o menos, lucia encantador, por más que intentó mezclarse entre el resto, las miradas coincidieron y dieron paso tiernas sonrisas y a la marcha para el reencuentro.
Un abrazo los unió con fuerza, como si se hubieran visto ayer y el día antes de ayer, ambos sonrieron francamente, y cruzaron frases de saludo, sorprendidos, emocionados, caminaron juntos, confesaron que andaban de ocio, en la marcha se contaron cosas breves el uno del otro, Beto vivía con Gustavo, su novio, en una ciudad al norte, ambos eran ingenieros, y tenían una empresa de construcción, les iba bien, Juan comentó que pese a ser abogado, nunca ejerció tal cual la profesión,  se dedicó a la empresa familiar, y eso le había permitido viajar mucho y no establecer una casa con alguien en ella. Sin darse cuenta se dirigían al hotel que albergaba a Juan. Beto confesó estar  solo en la ciudad también.
Al llegar, se miraron con picardía, te invitaría a subir comentó Juan, pero sabes que no soy tan atrevido, subiría con gusto si tan solo lo pidieras, susurró Beto, se apresuraron al ascensor, la chica de la recepción les dio la llave sin tiempo para preguntar por la identificación del acompañante. .
Ya en el ascensor, se miraron con deseo , Juan se acercó a Beto y lo besó, Beto no correspondió, pero tampoco retiró sus labios.
En la habitación, no hubieron palabras, la pasión los embargó por completo,  Beto se desnudó con rapidez, no dejó que Juan lo ayudara, como mandaba el protocolo del juego, quedó desnudo frente a un Juan sorprendido, con solo la correa afuera, miraba a su amante con detenimiento, cómo había cambiado, estaba hermoso, los años habían hecho el mejor trabajo del mundo,  mantenía esa talla alta, pero ya no la delgadez de la adolescencia, sus formas eran redondeadas, los risos del pelo cortados cuidadosamente, las cejas gruesas libradas de esa unión central entre ambas, sus ojos enormes con esas pestañas risadas, los labios rojos y gruesos, los hombros, los brazos, el pecho, todo tallado por un artista experimentado, su pilosidad recortada con cuidado, su pene erecto, proyectado  arriba, latente, sus testículos colgando simétricos,  las piernas largas y robustas, las nalgas saltonas y brillantes, me miras mucho, comentó coqueto, luces bien, los años han marcado tu atractivo, gracias comentó Beto, mientras giraba lentamente mostrando aun mas sus formas.
Apago la luz?, preguntó Juan, en el fondo no quería desnudarse frente a Beto, los años no lo habían tratado como a su exnovio,  con calma le susurró Beto , yo también quiero verte, y lentamente le desabotonó la camisa, mientras le besaba el cuello, Juan empezó a rasurarse la cabellera desde que sus entradas empezaron invadir su cabeza, tenía unos ojos grandes y celestes como el agua, su piel era pálida, y las arrugas se acentuaron al rededor de sus ojos y labios, mantenía una sonrisa preciosa y unos dientes perlados que alabó Beto.
La camisa cayó al suelo dejando ver un tórax de vello dorado, delgado y recto, de escaso pectoral y hombros estrechos, de largos brazos, de cintura algo invadida por el abdomen, hueles  a madera le comentó Beto al oído, mientras desabotonaba el pantalón, la fragancia de siempre le dijo Juan, el pantalón se deslizó al suelo junto a unos bóxer a cuadros, Juan quedaba expuesto, sus piernas velludas , su genitalidad frondosa, mostraba un pene rosado, erecto, de glande desnudo por una circuncisión infantil, generoso , largo y grueso, simétrico y estético, lo recuero bien comentó Beto, no has cambiado mucho y sonrió. Los besos dieron paso a lo demás. Hicieron el amor por más de una hora,  y fue distinto, calmado, sin acrobacias, con exageración en aquellas cosas que Beto sabía que alocaban a Juan y que Juan sabía que hacían tiritar a Beto, lo besó donde él siempre pidió que lo besen, lo penetró con la delicadeza que nunca tubo y que siempre reclamó Beto años atrás. Fue un reencuentro sexual perfecto.
Al terminar, Beto lo miró a los ojos y confesó que solo Juan le hacía el amor de esa manera, solo él había logrado hacerlo llegar al cielo sin tener que tocarse, con sentir su pene dentro suyo, invadiéndolo  rítmicamente, lograba arrancarle los fluidos que en otros casos,tenían que ser extraídos con ayuda de una paja. Juan sabía lo que le comentaba Beto, lo habían hablado hacia años, Juan lograba que Beto tuviese un orgasmo extremo solo con ser penetrado por él.
Sonó el teléfono, Beto contestó apresurado, si amor, dijo, en este momento me conecto. Cosas del trabajo, le comentó a Juan, si ve, no te preocupes,  te volveré a ver? Eso sería bueno, claro pero cuando?, en 15 años? Espero que no tenga que pasar tanto tiempo se miraron por largo rato, se sonrieron, sus ojos se humedecieron, Beto se vistió rápidamente, y salió de prisa, olía a madera, no quería perder ese aroma. Juan se tendió sobre la cama, encendió un cigarrillo, desnudo, mirando al techo, las lágrimas invadieron sus ojos mientras sonreía.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Instantáneas.


Instantáneas..

Gonzalo 21 años..
Caminábamos juntos de por esa plaza muy iluminada, pero desierta, eran ya las 3 o más de la mañana,  nos reíamos en silencio, habíamos bebido más de la cuenta, lo acompañaba a su hotel, era el último día, él se iba fuera al amanecer, y  no me contuve, me planté frente a él, y cogiéndolo de la cintura lo besé en los labios, sentí su rechazo inicial, pero perece que la menta de mis labios lo hipnotizó lentamente, y correspondió a un tierno y duradero beso. Segundos después, mirábamos alrededor, no había nadie, nos miramos y me sonrió sonrojado negando con la cabeza. Lo amo.
Mario 35
Au me rio cada vez que veo esa foto, sonreía en la discoteca, rodeado de sus amigos, era tan niño, pese a sus veintitantos, sus enormes ojos proyectaban mas vida que nunca, su risos invadían su frente, estaba con ellos, pero me miraba a mi, como de reojo, como sabiendo que éramos amantes, discretos, ausentes físicamente el uno del otro esa noche, aún asi, su mirada robaba las mía y mi cámara apunto disimuladamente, y quedó para siempre no solo en mi álbum sino también en mi memoria. Lo amo.
José 15
Mamá me abrazó mientras lloraba, me dijo que me amaba, que yo sería su hijo siempre, que sentir lo que yo sentía no era malo ni pecado, que lo importante era tener esa capacidad de sentir, sollozaba mientras me hablaba, y yo no dejaba de nublarme por la marea que invadía mis ojos, sentí su pecho acelerado, y sus manos sobre mis mejillas.. La amo.
Rubén 56
No tengo una imagen, tengo cientos de ellas, no quiero filtrarlas por prioridad, no sería justo, me dio  todos esos momentos mientras estuvo conmigo, podría irme sin haber construido ni criado, pero feliz por haber podido encontrarlo, por haberlo amado, por seguir amándolo, aun no esté ya conmigo.
Charly 29
Lo amé, me hizo mil perradas, pero  además, me robó mil sonrisas, al poner las cosas en la balanza, creo que reí más de lo que sufrí, así que valió la pena y vale la pena recordar que durante el tiempo que fue.. lo amé.
Yo Treintaitantos,
Amo haber vivido lo que hasta hoy, que sigo amando esta vida, argumentos sobran, tantos, que hasta mantienen vivo este blog. Son historias prestadas, o a veces robadas, pero se hacen mías cuando les doy color, un color que tiene mis tonos favoritos, que me delatan en cada párrafo, que delatan mi sentir y m isentir pasado. Amé.. amo y no me niego a seguir en esa ruta, que me permite la felicidad por la que uno, al final de cuentas, vive.