martes, 23 de febrero de 2010

SexO En Grupo!


Juego Grupal

Juan acudió a la consulta tras haberse contagiado con algunos parásitos genitales, tan comunes y al mismo tiempo tan extraños en una persona de su aparente actitud, es un adulto joven, tiene 24 años, profesional de la administración, y con pareja estable, bueno hasta ese momento en conflicto, por la razón obvia. Si bien es cierto el contagio, no es exclusivo del contacto sexual, ya que algún roce con ropa intima o de cama, contaminadas, podrían haber causado tal mal, la duda vinculada a la actividad sexual extraña (infidelidad para el caso)suele ser el reproche inicial, y la causa en más del 90% de los casos.

La conversación fue cómoda, inusual al tratarse de estos casos y tras el intercambio, saltaron preguntas y comentarios respecto a las actividades sexuales que involucran a mas de dos, el tema dio para rato, así que la conversación se extendió hasta avanzada la tarde. Juan me comentó que días atrás, un amigo lo convocó a formar parte de un trío, el nunca había experimentado dichas actividades, así que de curioso y morboso además aceptó sin muchos impedimentos, la cita se dio en un hotel de asquerosa apariencia (al asume en esa ropa de cama la causa de su mal), el no puso reparos debido a que los actores compensaban dicho detalle. Juan es de esos modernos que rara vez ha explorado su pasividad, los cómplices de esa tarde eran modernos, muy pasivos, así que tuvo que atender los requerimientos de ambos, sin estar seguro si los dos habían llegado a buen término una vez que él consiguió alcanzar su clímax. El asunto tras la faena, estaba en el cargo de conciencia, no solo por el acto de infidelidad, sino además por la vinculación extrema del sexo grupal, a un pecado más extremo que el ser homosexual simplemente. Un asunto de conciencia, más que de real trascendencia.

Creo que sexualmente, uno puede hacer lo que guste, incluso poniendo en riesgo la seguridad, es una decisión personal, ya de un modo racional, minimizar riesgos, sin apartarse de lo deseado, sería lo ideal, si la pareja consiente, o el grupo está de acuerdo y en disposición , porque no?.

Sobre lo fructífero del asunto, bueno habrán defensores y detractores del sexo grupal, quizás el sexo simultáneo tenga más aceptación, dos (o quizás mas) parejas en el mismo ambiente y teniendo relaciones al mismo tiempo, pero manteniendo la complementariedad en la exclusividad, sin cambios, enriquece el morbo y muestra cosas en la otra pareja que uno podría practicar también. Las cosas de a tres son complejas, siempre uno sale en menos, es disfuncional, o la plenitud no es pareja, siempre pierde el que termina en masturbación, salvo que su gusto máximo sea el ver y tocar simplemente. Las cosas en grupos mayores, son solo juegos, y muchas veces para públicos reducidos o algo enfermizos.

Muchas doctrinas religiosas encuentran en la vinculación de la pareja, en el éxtasis compartido, la única forma de comunión con el ser supremo, si bien es cierto la idea de pareja es la tradicional, desde el punto de vista gay , habría que defender, que las sensaciones de plenitud son las mismas, se ven las mismas estrellas, por lo tanto la relación de a dos, es la que debe primar en nuestro común comportamiento. La masturbación es plenamente funcional, pero el sexo gay, es el menos conflictivo de aquellos que involucran a más de uno, así que participar en grupos de a 2 es la mejor forma de encontrar placer, e incluso realización sexual.

Realmente estas son solo opiniones, Juan está seguro que para experimentos, basta una vez, sobre todo con este tipo de consecuencias, no solo las de salubridad, sino además las que han puesto en riesgo una relación de a dos, y de mucho tiempo compartido ya.

miércoles, 17 de febrero de 2010

RomáN y RomiNa


Román y Romina

Román conduce a casa apresurado, se afloja la corbata que lo empieza a asfixiar, sale del parqueo con el saco en la mano y apurando el paso, entra a casa, su mamá lo mira preocupada y le cuestiona sobre la necesidad de su cena, él en pocas palabras manifiesta su apuro, entra a su habitación, se desviste rápidamente y se coloca un buzo holgado, sale rápidamente besando a mamá en la frente--- nos vemos mañana.

Román es ingeniero de sistemas, trabaja en el área de cómputo de un banco, pero tiene un trabajo adicional, de noche, en un club gay, baila trasvertido, y suele ser la atracción de la noche, en casa no saben nada al respecto. Román tiene escondida a Romina. Ella vive en un cuarto cercano al bar, ahí deja sus indumentos y demás accesorios, ahí llega apresurado tres veces por semana, se transforma y es otra persona, regresa en la madrugada a dicho espacio, para de ahí enrumbar al banco.

El ambiente es pequeño, es solo una habitación y un baño, posee una gran ventana que da hacia una avenida muy transitada, posee una cama amplia vestida en colores, para crear el un ambiente distinto para aquel acompañante ocasional que seleccione Romina, un perchero saturado de boas de plumas, chalinas plateadas, mucha escarcha y lentejuelas y un gran tocador, con un amplio espejo de tres cortes, lateralmente ladeado, para apreciarse en toda su dimensión.

Esta noche llega tarde, se desnuda rápidamente y se observa frente al espejo, es bello, mide 1,83 cm, y es delgado, su pelo es muy corto y castaño, las cejas ralas y los ojos almendrados, la nariz pequeña y respingada, los labios gruesos, los dientes alineados y muy blancos, el cuello largo y aristocrático, los hombros estrechos, el tórax recto, con un abdomen plano y marcado, el vello del pecho y abdomen depilado, al igual que el de sus extremidades inferiores. Sus piernas son torneadas, sus muslos pronunciados, los mismos que crean una sensación de caderas, sus nalgas son redondeadas y prominentes, es bello.

Entra presuroso y se da un baño, se seca con delicadeza, pone música suave, Travis , y se sienta frente al tocador, se mira lateralizando el rostro, inicia la primera capa de base y luego otra, utiliza un rubor tenue en las mejillas y lo remarca hacia los cigomáticos, luego se dedica a sus ojos, los delinea en negro y grueso, utiliza sombras escarchadas, en tonos de verde , fusionadas con sus cejas, las mismas que refuerza a lápiz, coloca unas inmensas pestañas sobre sus parpados, plateadas en esta ocasión, delinea su boca en rosa suave pero colorea los carnosos labios en un tono fucsia que resalta plenamente.

La peluca de esta noche es plateada, disimula su masculinidad, traccionándola hacia atrás, utiliza una ropa interior muy ajustada que evita que escape alguna protuberancia, el atuendo: un pantalón corto de charol, medias negras panti, un saco ajustado de mangas cortas, de charol negro también muy ceñido, botas altas, hasta las rodillas y con una plataforma que hace dificultosa la marcha, pero Romina es experta.
La rutina se inicia a las 12 de la noche, las luces la ciegan, pero ella domina el escenario, la música es intensa, la gente está animada, recibe mil piropos, dulces y agresivos, ella baila, la elevan por los aires, seduce, provoca. Solo es un número, pero se extiende por más de 30 minutos, una vez finalizado el show, desciende del escenario ayudado por sus bailarines, deambula por el bar, conversa, recibe saludos y propuestas, se niega a todas, ya que ella decide con quien escapar, escoge a algún acompañante ocasional, y lo invita a compartir la noche, esta vez un hombre bajo de cuerpo atlético, un oficial del ejército según precisó, ambos bajan a la cochera, se suben al auto de la bailarina y enrumban a esa cama colorida.

La noche es intensa, y tras una hora de juegos el acompañante es invitado a irse, ella termina de convertirse en Román, y duerme unas horas antes de de iniciar su día, sale con saco y corbata, camina marcial, va rumbo al coche, llama a su madre y le dice que fue una noche tranquila en la oficina a la que se supone apoya en ese turno, se dirige al banco, saluda a sus compañeros con fuertes apretones mano, se gasta bromas respecto a las ojeras dibujadas en su rostro, Román afirma, cuando entre risas, le comentan que la noche parece haber sido brava, que alguna niña debe haber perturbado su descanso, el sonríe y ratifica --ya la conocerán-- ya la conocerán—.



sábado, 13 de febrero de 2010

El Amor: UnA Patología eXclusiVa del ser huMano




Amor: Patología exclusiva del ser humano

¿Has estado enamorado?--- en realidad no lo sé--- entonces puedo asegurarte que no lo has estado.

El amor existe, y tiene formas únicas y distintas al mismo tiempo, existe entre él y ella, entre ellas o entre él y él, siempre comparte algunos síntomas que lo hacen un típico caso de amor, un síndrome complejo matizado con sentimientos propios que se comparten, y si hay suerte, son recíprocos.
Cuando no se logra pensar en mil cosas para fugar del rostro que extrañamos y que ocupa toda nuestra mente, cuando el ritmo cardiaco se acelera con solo olerlo, u oírlo, cuando sacrificamos nuestro tiempo para hacer algo por él, algo que no espera, pero que sabemos que le agradará, cuando nuestras historias utilizan su nombre repetidamente, y el resto lo nota y comenta, entonces es que estamos padeciendo de ese mal.

No existe método de ayuda al diagnóstico, la historia es como la que se comentó líneas arriba, y el examen físico revela detalles simples, una cara ausente y al mismo tiempo feliz, un corazón rítmico con fugas en acelerada cuando existe el estimulo que provenga de él, a veces sudoración, muchas veces deseo somatizado en formas sexuales y no sexuales.

El tratamiento es simple, hay que convivir con él mal, darle dosis paliativas de frases reconfortantes, disminuir la fiebre con la compañía del causante, y permitir sentir esa necesidad, extrañar, evocar con alguna canción, con algún aroma o imagen mental de plenitud o de mutua felicidad. Permitirse ese mal, es lo más grande que podamos pedirle a quien nos provee de fe, Aquel que nos permitirá enrumbar a otras vidas con la sensación de haber hecho en ésta, lo mejor posible, y de haberlo hecho en la complicidad perfecta, en la complicidad de quien se ama.

--- Si he estado enamorado--- por supuesto, y doy gracias de haber padecido ese mal tan grato, de engrosar el grupo de aquellos despistados sonrientes sometidos a la complicidad de quien comparte el mal en reciprocidad. ¿Si me han amado?--- al menos eso me hicieron creer---, y fue perfecto, ¿si aun me aman?, quizás él ya no, pero me mostró que es posible y que puede que enferme varias veces hasta hacerme felizmente terminal , es cosa de contagiarse nuevamente; no busco el mal, pero sí me someto a sus síntomas, si me cruzo con algún causante en esta ruta que por el momento camino solo.

Los días como hoy, los 14 de febrero, se hace racional ese sentimiento que realmente carece de razón, se evoca su teoría, y se materializa su expresión, es bueno que esto se permita un día al año, pero debe recordarse que no es preciso un día para sentir aquello que nos hace distintos, especiales y humanos, nuestra capacidad de amar, y de permitir que nos amen.

viernes, 5 de febrero de 2010

Joseph y Bill (y Malvin)


Joseph y Bill
(y Malvin)

Joseph retornaba a Lima después mucho tiempo, no recordaba nada de esa ciudad, salvo historias escuchadas en casa, partió muy pequeño a vivir a Nueva York, por esas cosas del trabajo del padre, y desde los 6 años, su país fue otro, hoy concluía sus estudios de música en una prestigiosa academia de esa bohemia metrópoli, tocaba el violín en una orquesta de cámara, pero además tocaba la guitarra en una banda de alternativo con varios de sus compañeros de estudios, todos gays, como él. Se hacían oír en varios de los lugares de moda de dicha ciudad.

Hoy retornaba a Lima a visitar a sus abuelos, a reencontrarse con algo de sus orígenes. Su estancia estaba programada para ser breve, así que sus planes eran así de casuales también. A la espera, había dejado a Bill, su pareja, compartían la afición por la música, aunque Bill trabajaba en la misma dependencia gubernamental que su padre, tenían una relación estable ya por más de 4 años, Joseph había prometido extrañarlo, y a su segundo día en Lima, lo añoraba más que a nada, sobre todo aquellos momentos en que podía poseerlo, sin límites ni remordimientos.

Esa tarde, Joseph no pudo mas con esa angustia y navegó por la red en busca de aquello que mas extrañaba, se sentía algo incomodo, porque era algo que jamás había hecho, usualmente había interactuado con mucha gente de su opción, en el colegio y mucho más aun en su academia. Parece una tendencia muy usual en la música o el arte en general, sobre todo a modo experimental; esta vez él navegaba buscando algo que usualmente conseguiría en un pasillo o en el café, con tan solo una breve conversación previa.

Un anuncio llamó su atención, “ofrezco todo aquello que se pacte, prefiero la gente discreta, y atractiva, ofrezco lo mismo” , junto a eso un número telefónico. Joseph se miró al espejo y se catalogó como atractivo, medía 1,82 un par más que su padre, era muy delgado, pero sus formas estaban definidas por el ejercicio que efectuara diariamente al conducir su bicicleta rumbo a la academia, mas de dos horas diarias en bicicleta había logrado marcar sus piernas, endurecerlas, y a lograr unas nalgas que pese a no ser exageradas, estaban endurecidas y delineadas, de la cintura hacia arriba, no hay mucho que comentar, brazos delgados, hombros angostos y vello en pecho, y en el rostro, el pelo ensortijado, sujetado por una liga hacia atrás, la barba ligeramente crecida y en desorden, ojos marrones, cejas gruesas, nariz recta y algo pronunciada, labios inexistentes pero rojos, se miró fijamente y ratificó su idea, era atractivo.

Llamó. Contestó una voz varonil, y ubicada en el contexto, como si esa línea fuese exclusiva para tal servicio, ambos quedaron encontrarse en un café con una amplia estantería repleta de volúmenes abiertos a los lectores, total, la discreción que ofrecía el scort permitía esa transgresión, a Joseph le importaba poco, el permanecería en Lima solo unos días más. Malvin llegó puntual, parecía conocer muy bien el lugar, la conversación fue amena, se delataron de inmediato, Joseph narró su paseo por Lima, y Malvin comentó que era de Trujillo, pero que por la Universidad había llegado a Lima 4 años atrás, vivía solo en departamento miraflorino, ya que sus papás le permitía esas comodidades, solo que sus gustos y su entorno, había exigido de mas gasto, y por eso se “recurseaba” con algunos contactos, claro, siempre y cuando, Malvin los escogiese, tras ese primer encuentro, obviamente Joseph, pasó en demasía esa prueba.

Ambos caminaron al departamento de Melvin, al llegar, hubo cierta timidez en iniciar la faena, la conversación había acercado a los protagonistas y eso enfrió un poco las cosas, pero Melvin, tomó la iniciativa, arrastró a Joseph a su cama y lo tumbó sobre ella, se permitió robarle un beso, Melvin rara vez besaba a sus “clientes” pero esta vez era distinto, disimuladamente colocó unos preservativos sobre el velador, y un frasco con lubricante, luego encendió la lámpara de noche y apagó la luz principal, se desnudó frente a Joseph, permitiendo que lo observase al detalle, Malvin era mediano, 1,76, una talla que no intimida pero que al mismo tiempo no luce reducida, pesaba la proporción exacta, 72 kg, y su figura era la de un atlético deportista de 24 años, pelo muy corto, rostro redondeado, ojos grandes y color caramelo, nariz pequeña, labios gruesos y dientes perfectos, el mentón cuadrado y el cuello grueso, el tórax ensanchado pero se hacía marcadamente angosto hacia la cintura, el abdomen plano, las caderas ausentes, y las nalgas prominentes, las piernas de muslos gruesos, y pantorrillas marcadas, los pies de dedos largos y uñas delicadamente cortadas, irradiaba suavidad, pese a que una vellosidad dorada recorría todo su cuerpo, el vello genital escaso y corto, lucia muy atractivo a la luz de esa lámpara de noche.

Joseph era activo, y así se negoció el encuentro, Malvin coloco un poco de lubricante sobre una lamina de vidrio que descansaba sobre el velador, y tras unas tiernas caricias, empezó lo que se convertiría en una tarde diferente, besos cada vez más agresivos se deslizaban por el tórax del uno o del otro, muchas veces al borde de las ingles, Malvin llegó hacia el pene de Joseph, lo delineó con su lengua, lo saboreó a cada rincón, hasta el más mínimo pliegue fue explorado, Joseph se retorcía, su cuello se extendía con exageradas contracciones hacia atrás, y Malvín seguía, iniciaba el rítmico protocolo, apretando sus labios al glande de su pareja casual, sintió que Joseph estuvo al borde en varios momentos, él sabía cuando detenerse, luego se acercó nuevamente a sus labios y reinició el juego, sedujo a su acompañante con sus costados; Joseph apretaba sus nalgas con ambas manos, se sentía desesperado por ingresar entre ellas, Malvin le calzó delicadamente un preservativo, y aprovechó para dimensionar a Joseph, no era grande, pero tampoco despreciable, debería hacerlo sutilmente, Joseph destapó el frasco de lubricante y generosamente lo discurrió sobre si y entre las nalgas de Malvin, luego y de costado intentó penetrarlo, lo logró tras breves esfuerzos, se inició un movimiento de más conocido, se hizo así de costado, luego uno sobre el otro, luego de pie, y otras cuantas maniobras acordadas con gemidos o señales similares, finalmente el ritmo de Joseph se aceleró y justo en ese momento, breve, a instantes previos, Malvin besó tiernamente a su acompañante, mordiendo levemente sus labios, distrayendo con dolor ese instante de concentración, delicadamente y sobre esa sensación plena, retiró el pene de Joseph de su interior. Lo desnudó y acarició, y rápidamente calzó un preservativo sobre sí, giró delicadamente a su amante casual, sin permitir que este notase lo que ocurría, pasó rápidamente la mano sobre esa lámina de vidrio que se hallaba en el velador, repleta de lubricante y lo untó sobre si y sobre esa zona no explorada de Joseph, lo giró completamente y mientras lo masturbaba ingresó lentamente entre sus nalgas y mas allá, esta vez el ritmo lo marcaba Malvin, y Joseph lo permitió mientras notaba que una corriente de si mismo erupcionaba por su pene manchando tibiamente las sabanas de la cama que los albergaba, Malvin no tardó en hacer lo propio y ambos se miraron distintos, tendidos sobre la cama, sudosos, desconocidos, cómplices y culpables, pero sonrientes, esperaron unos minutos, Malvin dejó que Joseph se vistiera, para hacerlo él, se acercaron a la puerta y tras el pago correspondiente, se despidieron con un apretón de manos.
Joseph le narra a Bill su aventura en Lima, con detalle cada día, Las playas de Asia, el paseo de las aguas, compras en Larcomar, algo de cine, y Jazz, le repite una y otra vez, que solo faltó él, para hacer de ese viaje, un viaje inolvidable.

domingo, 31 de enero de 2010

ReProChes


Reproches

Esta madrugada él despertó con el timbre del celular anunciando un mensaje, Su ex ,el amor de su vida, su hoy amigo, le escribía a esas horas reprochando algunas cosas que realmente no sé si pasaron. “Me han dicho que te vieron con él, ese niño que te sonrió en la calle cuando aun parábamos juntos”, al instante los mensajes siguieron, “me acaban de confirmar que anduviste con él”, las respuestas fueron sanas y en intentos de calmar la euforia, “parece que la celebración ha sido extensa, vaya y descanse”, el insistía, “cómo pudiste serme infiel?”, en la cama, y ofuscado, tecleó un mensaje breve, “yo te amé, y te quiero, nunca te fallé”, hubo ausencia.

Ambos mantuvieron una relación muy larga, los últimos dos años fueron de convivencia, y las cosas se acabaron porque debían de acabar, empezaron a reprocharse cosas, no accedieron a sacrificar algunas otras, uno de los dos escapó y en la huida, hirió al otro, hubo ausencia larga y reencuentros casuales, en otros escenarios, carnales, apasionantes, a veces de reclamos otros de nostálgico revivir, y ambos escapaban nuevamente, se dicen amigos, no sé si serán posible, no sé si será cierto.

A media mañana se retomaron los mensajes, “disculpa no debí escribir para reprocharte nada, no ahora”, a esa hora, él ya se había levantado y se hallaba trabajando, “no hay problema, eso sucede cuando se transgrede”, y en tono de disculpa, “solo bebí, no pasé de rayas pese a que el ambiente era propicio, he despertado excitado, me toco, pensando en ti”. Se creó cierto desconcierto, la respuesta fue simple, “haz lo que tengas que hacer, yo sigo en lo mío”, y el timbrado seguía, “pero quiero verte, hagamos una tarde y una noche nuestra”.

Él tenía todas las ganas, los mensajes subidos de tono hasta invocaron escenas del pasado, se excitó y la erección se traslucía en el atuendo, se avergonzó, le escribió diciendo “ aun hay mucho entre nosotros, para que sea solo de una tarde, y noche plenas”. Él insistía, pero la negativa fue racional, pese a que se moría por verlo, por hacerle el amor, por estar con él, por reprocharle su ausencia y mil cosas más.

jueves, 28 de enero de 2010

Las EtaPas Del Amor


Las etapas del amor, una idea..


Emociónate
Gabriel es psicólogo, no puede dejar de organizar mentalmente las cosas que pueden ser cotidianas y que a veces no merecen mayor análisis, esta tarde ha conocido a Juanjo, por intermedio de una red social gay, leyó su perfil, y se sintió cautivado, Gabriel tiene 26, es pasivo y varonil, aunque suene contradictorio, carece de amaneramientos, y solo busca gente inteligente e igual de discreta, Juanjo se pintaba en esos tonos, médico, de 32 años, metido en el closet de su apartamento de soltero, bisexual en desuso, ya que ha sido gay activo desde hace ya 3 años, busca una conversa larga y sin bostezos, matizada con risas y alguna que otra coincidencia, prefiere a la gente de su edad, descarta a los menores de 25, no exige nada físico, solo algo de preocupación por ellos mismos y la salud.

Gabriel envió un mensaje en el momento en que vio el perfil, además las fotos que se acompañaban, mostraban a un tipo mediano de 1,76 m, de 73 kilos, de pelo negro muy corto, de dientes alineados y sonrientes, labios finos, nariz recta algo gruesa, orejas perfectas, vestía un jean clásico, zapatillas de lona, y un polo blanco, no ajustado, ni muy ancho, se percibía un abdomen plano, pero no marcado, unos lindos hombros y unos brazos trabajados.
Emocionado, esperó una respuesta.

Ilusiónate
Esa misma tarde, Juanjo respondió al mensaje, comentó brevemente, “si encajas en lo que busco, yo encantado de conocerte, además, esas fotos tuyas, te muestran muy lindo , saludos. Juanjo”, se adjuntaba un correo electrónico, Gabriel había puesto un par de fotos de su época universitaria, si bien no había cambiado mucho, eran ya de 4 años antes, lucia delgado, con el pelo ensortijado, unos ojos inmensos de linda mirada, alto, por 1,80 m y de porte atlético. Él se conservaba así.
Las conversaciones por mail, luego por chat fueron casi perfectas, había esa química teórica tan mal descrita, ambos tenían metas algo similares y buscaban un complemento calmo y discreto, estaban cansados del sexo simple y casual, querían compañía y mucho mas.
Se citaron, se vieron, se gustaron, el teléfono sonaba varias veces al día y podían hablar horas, se extrañaban, se enviaban canciones, se hablaban de amor, lucían radiantes juntos, eran envidiados por los amigos entendidos, eran perfectos cando estaban juntos.

Conócelo
El tiempo te permite conocerte y conocerlo, Juanjo tenía algunas manías, era demasiado exigente con la puntualidad, podía no tener un sol, y se endeudaba por cosas superficiales, adora los perfumes y los lugares exclusivos, así la tarjeta este en rojo, no deja esos gustos.
Gabriel es más bien “bohemioso”, tiene algunos tatuajes en la piel, cada cual con un significado especial, toca la guitarra, canta y escribe, eso lo aparta de su trabajo ya que no lo toma como hobbie, pese a su edad, aun se mantiene adolescente en sus gustos y acciones, hay días en los que no se baña, en los que no come, y otros en los que enciende un porrito para pasar el rato, hay cosas que odia en Juanjo, Hay cosas que Juanjo Odia en Gabriel, a veces las sonrisas se tornan reproches, otras en los que el teléfono simplemente se cuelga fuertemente sin una palabra de despedida previa. Ambos siguen juntos.
Tolera
Juanjo ha empezado sentir con agrado ese olor ácido de Gabriel, al recostarse junto a él una tarde de domingo, el día en que éste no se bañó, y a aceptar una piteada de esa hierba tan rica, Gabriel, por su lado, ha tenido que ser más puntual, y empezar a disfrutar de los perfumes de Juanjo, ya que es generoso y los comparte con él.
Han creado sus propios vicios, Jaunjo no toma el té si no es con Gabriel, a la hora que éste retorna de su consulta o de algún ensayo, comen tostadas con queso, a ambos les encanta, Gabriel agrega leche al té, Juanjo es intolerante a la lactosa, y lo envidia, ven televisión juntos la tarde del domingo, se miran con ternura y hacen el amor muy seguido, se extrañan sobremanera cuando uno se ausenta. Se quieren.

Ama
Juanjo y Gabriel viven en una la ciudad pequeña, pero ellos no se complican, se puede haber comentado de ellos y sus pecados, en algún circulo laboral o familiar, pero nunca en intensión maliciosa, son como que “muy amigos”, realmente han logrado que sus ocupaciones profesionales y sus dones de gente sana, prime sobre lado íntimo, se conocieron hace 7 años, y van 5 que viven juntos, ambos usan aros, Juanjo en el anular derecho y Gabriel colgado en una cadena cerca a su corazón.

viernes, 22 de enero de 2010

De aÑoranZa


De añoranza.

Conocí a Roberto a sus 74 años, hoy tiene más de 90 y aún oímos de él en casa, resultó ser un tío por el lado paterno, y lo conocí cuando visitó a la familia para hacer algunas consultas acerca de algunas propiedades que quería vender, Víctor, acababa de Morir.

Roberto nació en una familia muy acomodada, su padre incluso ocupó un cargo político muy importante en aquella época, al concluir el colegio, fue papá quien le propuso continuar la formación universitaria fuera del país, Roberto era un tipo delgado, pálido, de facciones finas, dedos largos, pelo negro, lacio, labios inexistentes, mirada profunda, callado o de mínimas palabras, de andar letárgico, de tardes leyendo y escuchando música, usualmente solo.

La propuesta de papá fue aceptada sin murmuración porque pareció una orden, ese año, y a sus recientes 18, enrumbó a Buenos Aires, donde estudió ingeniería civil.

En la facultad conoció a Víctor, un estudiante peruano también, de familia adinerada, muy político y por tal, conocido en los pasillos de la Universidad, se vieron y se reconocieron inmediatamente, esa relación inició en silencio y continuó haciéndose destellante los 6 años siguientes, años en que Víctor acompañó a Roberto, incluso en los 2 últimos de carreta, habiendo él concluido ya la suya, se dedicó al trabajó y al ahorró.

Al cabo del tiempo, ambos regresaron a esa Lima conservadora, y pese a los reclamos familiares de ambas partes, alquilaron un departamento en una zona tradicional y acomodada de la ciudad, y vivieron juntos, fue el centro de un amor gay discreto, de un grupo limitado, de gente cerrada a su propio grupo, que entendían que para la época, era la única forma de ser felices.

Ambos establecieron una ferretería, un negocio que fue exitoso y los dotó de dinero, viajaban por el mundo, se daban los gustos que merecían, eran felices a su modo; las familias no se vinculaban ,ellos las visitaban, cada quien solo a la suya, y jamás se tocaron temas asociados a su intimidad. Las visitas eran protocolares, nunca realmente afectuosas.

Vivieron juntos por más de 50 años, a Víctor se lo llevó un infarto, de improviso, Roberto lo lloró solo, jamás le reprochó a Dios esa decisión, ya que esa amistad dotada de amor y demás cosas imaginables en una pareja, le permitió una vida francamente feliz.

Esa tarde, Roberto visitaba a mi padre, yo era adolescente, fue mamá la que me contó estos detalles, el vestía un terno gris claro, impecable, delgado, pálido, de cabello cano, olía a frutas frescas, típico de una fragancia veraniega de nombre muy cotizado, un aro de oro en anular derecho, una sonrisa apagada y una despedida, Roberto viajaba.
Había vendido todo, la casa, el negocio, los autos, y demás cosas que heredó de su familia, partía a Grecia, en donde una hermana menor de Víctor, la única cómplice de aquel idilio, lo esperaba para acompañarlo en esa espera para el rencuentro.
Me apretó la mano y me miró fijamente, me sonrió, me sentí extraño, lo admiré. Hoy me acordé de él porque escribió una carta a mi abuela, dice que está bien, aunque ya no camina solo y no puede fumar, pero que disfruta del vino tinto y la brisa de ese mar mediterráneo que siempre quiso compartir con Víctor, pero que aprovechará solo con fe de estar seguro que Víctor lo acompaña en espíritu y lo espera para seguir amándose allá donde les corresponda reencontrarse. Son sus 90 y él salió del closet.